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PANDEMIA COVID-19: el planeta superó el millón de personas fallecidas

La Organización Mundial de la Salud advirtió que si no se toman medidas conjuntas entre los países del mundo, esta cifra se podría duplicar hasta que se logre una vacuna efectiva y de distribución masiva en el planeta.

Las regiones más afectadas en número de decesos son América Latina y el Caribe (341.032 decesos, de 9.190.683 casos), Europa (229.945; 5.273.943) y Estados Unidos y Canadá (214.031; 7.258.663).

El mundo tiene grabadas en sus retinas las imágenes de fosas comunes en Brasil, una morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Madrid y camiones frigoríficos con cadáveres en las calles de Nueva York.

Más allá de la frialdad de las cifras, la consecuencia más devastadora es el vacío dejado por quienes murieron, ya que muchos duelos tuvieron que hacerse sin que los familiares pudiesen acompañar a la víctima en el tramo final de la enfermedad, o siquiera despedirse de ella una vez muerta, a raíz de las medidas sanitarias.

El 11 de enero China registró oficialmente el primer muerto por el Sars-CoV-2, virus responsable de la covid-19, que se propagó en un principio rápidamente en la provincia de Wuhan, donde fue detectado en diciembre.

En un mes, China registró más de 1.000 muertos, un balance más grave que el que dejó el SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), que circuló en Asia en 2002-2003 y fue fatal para 774 personas.

A partir de febrero, el virus comenzó a provocar muertes fuera de China y su aceleración fue exponencial, primero en Europa, que ve llegar ahora una segunda ola, y luego en el continente americano, donde las cifras de casos y decesos se mantienen altas desde junio.

La respuesta gubernamental fue drástica en la inmensa mayoría de los casos. A mediados de abril, cerca del 60% de la población mundial, unos 4.500 millones de personas, llegó a verse afectada por algún tipo de confinamiento.

Las consecuencias económicas de este encierro, inédito en la historia, llegaron a todos los rincones del planeta.

Comercios cerrados, calles desiertas, aeropuertos vacíos, penuria de abastecimiento en mercados: el mundo no había vivido algo parecido.

Los grandes eventos deportivos fueron interrumpidos, y los Juegos Olímpicos de Tokio aplazados hasta 2021, sin tener la certeza absoluta de que se puedan celebrar.

Patrick Vogt, un doctor de Mulhouse, una ciudad del este de Francia que se convirtió en el principal foco en ese país en marzo, recuerda el terrible momento en que se dio cuenta de que el coronavirus estaba por todas partes.

Otros médicos comenzaron a enfermar, algunos murieron. No se trataba solo de una gripe, como habían creído, sino de una «enfermedad mortífera».

En Asia, donde se registraban menos de 100 muertos por día hasta mediados de abril, el alza es continua desde entonces, principalmente por la situación en India.

A nivel mundial, la curva se encuentra en una «meseta» desde principios de junio, con unos 5.000 muertos diarios según cifras oficiales.

Para Franklin Américo Rivera, un fotoperiodista salvadoreño de 52 años, y su familia la pesadilla comenzó el 22 de junio con una faringoamigdalitis y, poco después, una infección urinaria.

Diversos laboratorios del mundo están inmersos en la fabricación de una vacuna. El jueves, el grupo biotecnológico estadounidense Novavax anunció que inició en Reino Unido un ensayo clínico de fase final para su potencial inmunización.

Se trata de la undécima vacuna experimental del mundo que entra en la fase final de los ensayos clínicos.

El número de un millón de muertos por la pandemia del nuevo coronavirus es mucho mayor al de otros virus recientes, como la gripe A (H1N1) llamada «porcina» que en 2009 causó oficialmente 18.500 decesos, pero menor al de la terrible «gripe española» de hace un siglo.

La gran gripe de 1918-1919, conocida como gripe «española» (causada asimismo por un nuevo virus) fue una hecatombe: en tres «oleadas» causó un total estimado de 50 millones de muertos, según datos publicados al comienzo de los años 2000.

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