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¿Qué le pasa al cuerpo si consumimos harinas todos los días?
SALUD

¿Qué le pasa al cuerpo si consumimos harinas todos los días? Un enfoque integral en la alimentación

En un mundo donde las tendencias alimenticias cambian constantemente, el consumo de harinas se ha convertido en un tema de debate significativo. Ante la creciente preocupación por una alimentación saludable, muchos han optado por eliminar las harinas de su dieta, especialmente las refinadas, debido a su reputación de afectar el peso y la salud general.


Según Mónica Katz, médica especialista en Nutrición y directora de la diplomatura de Obesidad en la Universidad Favaloro, estamos presenciando un fenómeno de «carbofobia» sin precedentes. Aunque es cierto que los carbohidratos actúan como el combustible principal del cuerpo, el temor actual a los productos que contienen harinas —como panes, pastas y cereales— podría no estar completamente justificado.

Las harinas refinadas, aquellas que han sido procesadas para eliminar sus componentes naturales y nutrientes, han sido identificadas como menos saludables. Estas alteraciones no solo elevan los niveles de azúcar en sangre, sino que también aportan pocos nutrientes y desplazan opciones más saludables en nuestra dieta.

Ana Chezzi, licenciada en Nutrición, señala que el trigo, base de muchas harinas, ha sufrido modificaciones significativas que podrían contribuir a problemas como la inflamación intestinal. La introducción de gluten adicional y el uso intensivo de productos químicos en su cultivo podrían estar detrás de estas reacciones adversas.

Sin embargo, eliminar completamente las harinas podría no ser la solución. Katz argumenta que el verdadero problema reside en la calidad de las harinas y los ingredientes adicionales en los alimentos procesados. Según ella, consumir harinas no es perjudicial per se; lo peligroso es el exceso y la mala calidad de estos productos.

La clave podría estar en moderar el consumo y elegir alternativas más saludables. Las harinas integrales, por ejemplo, conservan la fibra y los nutrientes esenciales, ofreciendo beneficios adicionales sin los efectos nocivos de sus contrapartes refinadas.

Además, la sustitución de harinas tradicionales por otras derivadas de legumbres, frutos secos o granos como la quinoa, que son ricas en proteínas y otros nutrientes, puede ser una estrategia eficaz para mejorar la calidad de nuestra alimentación sin renunciar a los placeres de la cocina.

Entendiendo el Impacto de las Harinas en Nuestra Salud: Una Perspectiva Ampliada

El consumo diario de harinas es una práctica común en muchas culturas, pero su impacto en la salud ha sido motivo de preocupación y debate en las últimas décadas. Con el auge de dietas centradas en la reducción de carbohidratos y el temor generalizado a los efectos de las harinas, especialmente las refinadas, es fundamental examinar cómo afectan realmente a nuestro organismo y cómo podemos hacer elecciones más saludables.

Harinas Refinadas Versus Harinas Integrales

Las harinas se clasifican generalmente en refinadas e integrales. Las harinas refinadas, como la harina blanca, se procesan para eliminar el salvado y el germen, dejando principalmente el endospermo. Este proceso no solo retira la fibra, sino también elementos esenciales como vitaminas y minerales. A cambio, obtenemos un producto de textura más fina y mayor vida útil, pero con un costo nutricional significativo. Este tipo de harina tiene un alto índice glucémico, lo que puede llevar a picos en los niveles de azúcar en sangre y, como consecuencia, a un aumento del riesgo de diabetes y obesidad.

Por otro lado, las harinas integrales conservan todas las partes del grano, incluyendo el salvado y el germen, lo que les permite mantener su contenido nutricional. Consumir harinas integrales está asociado con numerosos beneficios para la salud, como mejor salud digestiva, reducción del riesgo de enfermedades cardíacas y control del peso.

Mitos y Realidades sobre el Consumo de Harinas

Aunque es común escuchar que «las harinas engordan», la realidad es más compleja. No todas las harinas son iguales, y su impacto en el peso corporal puede variar considerablemente. Los alimentos hechos con harinas refinadas suelen tener menos fibra y ser más calóricos, lo que puede contribuir al aumento de peso si se consumen en exceso. Sin embargo, los alimentos hechos con harinas integrales pueden formar parte de una dieta equilibrada sin necesariamente llevar al sobrepeso.

Cómo Incorporar Harinas Saludables en la Dieta

El reemplazo de harinas refinadas por opciones más saludables es un primer paso importante. Algunas alternativas recomendadas incluyen:

Harina de Quinoa: Excelente fuente de proteínas y rica en aminoácidos esenciales, hierro, y fibra. Ideal para enriquecer la dieta sin gluten.

Harina de Almendras: Baja en carbohidratos y rica en grasas saludables, perfecta para dietas cetogénicas y para quienes buscan reducir el consumo de gluten.

Harina de Trigo Sarraceno: Aunque no contiene gluten, es rica en fibra y proteínas. Popular en la elaboración de productos de panadería en Europa del Este.

Harina de Arroz: Común en dietas sin gluten y versátil para la cocina, desde la repostería hasta espesantes para salsas.

Retos y Consideraciones en la Sustitución de Harinas

Sustituir harinas en recetas tradicionales puede requerir ajustes en las proporciones y técnicas de cocina debido a diferencias en la textura, el contenido de humedad y la reacción al calor. La experimentación puede ser clave para adaptar recetas y lograr resultados satisfactorios.

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