La contaminación del aire incrementa el riesgo de desarrollar Parkinson, según una revisión internacional de 42 estudios liderada por Cambridge

Una amplia revisión científica concluyó que la exposición sostenida a partículas contaminantes del aire está asociada con un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson. Los investigadores destacan que mejorar la calidad del aire podría beneficiar no solo al sistema respiratorio y cardiovascular, sino también contribuir a disminuir la carga de enfermedades neurodegenerativas en la población.
Infórmate en DiarioPampero.com – Una revisión internacional encabezada por la Universidad de Cambridge encontró que la exposición prolongada a la contaminación del aire se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson. El análisis reunió 42 investigaciones realizadas en América del Norte, Europa y Asia y detectó que las partículas contaminantes más finas incrementan la probabilidad de padecer este trastorno neurodegenerativo, aunque intervienen otros factores.
Respirar aire contaminado durante largos períodos podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, de acuerdo con una revisión científica dirigida por la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. El trabajo analizó 42 investigaciones realizadas en distintos países y aporta nueva evidencia sobre el impacto de la contaminación atmosférica en el sistema nervioso, ampliando el conocimiento que hasta ahora se concentraba principalmente en los efectos sobre los pulmones y el aparato cardiovascular.
Los resultados fueron publicados en la revista Environment International y reúnen estudios desarrollados en América del Norte, Europa y Asia, convirtiéndose en el análisis más amplio realizado hasta el momento sobre la relación entre la exposición prolongada a la contaminación del aire y diversas enfermedades neurodegenerativas.
El hallazgo más consistente surgió en relación con la enfermedad de Parkinson, presente en 26 de los trabajos revisados. Según los investigadores, por cada incremento de 5 microgramos por metro cúbico de exposición prolongada a partículas finas PM2.5, el riesgo de desarrollar esta enfermedad aumenta aproximadamente un 10%.
Las PM2.5 son partículas microscópicas capaces de penetrar profundamente en los pulmones, ingresar al torrente sanguíneo y alcanzar distintos órganos, incluido el cerebro. Diversas investigaciones previas, tanto en animales como en seres humanos, ya habían demostrado que este tipo de contaminación puede favorecer procesos inflamatorios y alteraciones vinculadas con enfermedades como Alzheimer, demencia, depresión, ansiedad, accidentes cerebrovasculares, tumores cerebrales y esclerosis múltiple.
Annalan Navaratnam, investigadora clínica de la Universidad de Cambridge y una de las autoras del trabajo, sostuvo que comprender los factores ambientales modificables adquiere cada vez mayor importancia debido al crecimiento sostenido de las enfermedades neurodegenerativas en todo el mundo. En ese sentido, afirmó que mejorar la calidad del aire podría aportar beneficios adicionales a los ya conocidos para la salud cardiovascular y respiratoria, ayudando también a reducir la carga del Parkinson.
Las partículas contaminantes representan un factor de riesgo, pero no determinan la enfermedad
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente el control del movimiento. Aunque el temblor es su manifestación más conocida, los primeros síntomas suelen incluir lentitud para realizar movimientos, rigidez muscular, alteraciones del equilibrio, dificultades para caminar y problemas de coordinación. Además, muchas personas presentan trastornos del sueño, cambios en el habla y otras manifestaciones que deterioran progresivamente su calidad de vida.
La revisión también encontró una asociación entre la exposición prolongada a partículas PM10 y el desarrollo de Parkinson. En este caso, cada aumento de 15 microgramos por metro cúbico estuvo relacionado con un incremento del 18% en el riesgo de padecer la enfermedad.
Las PM10 comprenden partículas de mayor tamaño presentes en el polvo, el polen, las cenizas de incendios, el hollín, las emisiones de motores diésel y las esporas de moho. Como referencia, los investigadores señalaron que la concentración promedio de PM2.5 registrada junto a las principales avenidas del centro de Londres durante 2023 alcanzó los 10 microgramos por metro cúbico.
Los autores aclararon que estos resultados no implican que toda persona expuesta a contaminación desarrollará Parkinson. La enfermedad responde a múltiples factores, entre ellos la predisposición genética, la edad, la alimentación y otros aspectos ambientales. Sin embargo, debido a que millones de personas respiran diariamente aire contaminado, incluso un incremento moderado del riesgo puede traducirse en un número considerable de nuevos casos dentro de la población.
En contraste, la revisión no encontró evidencia suficientemente sólida para establecer una relación entre la exposición prolongada a partículas PM2.5 o dióxido de nitrógeno y enfermedades como la esclerosis múltiple o las patologías de la neurona motora, incluida la esclerosis lateral amiotrófica. No obstante, los investigadores advirtieron que las conclusiones son limitadas porque existen muy pocos estudios disponibles sobre estas enfermedades.
Navaratnam explicó que tanto la presencia como la ausencia de asociaciones pueden estar condicionadas por las características metodológicas de las investigaciones existentes y subrayó la necesidad de ampliar los estudios con poblaciones más numerosas y seguimientos de largo plazo.
Uno de los mayores desafíos consiste en que las enfermedades neurodegenerativas evolucionan durante décadas. A lo largo de ese tiempo, las personas cambian de residencia, los niveles de contaminación varían y resulta complejo reconstruir con precisión la exposición acumulada de cada individuo.
Pese a esas dificultades, el análisis conjunto de numerosos estudios permitió identificar una relación consistente entre la contaminación atmosférica y el aumento del riesgo de Parkinson. Para los especialistas, la reducción de las emisiones industriales, el desarrollo de sistemas de transporte menos contaminantes y el fortalecimiento de las normas sobre calidad del aire constituyen medidas que podrían contribuir a disminuir la cantidad de personas afectadas por esta enfermedad en el futuro.
La epidemióloga Alexandra Tien-Smith, también de la Universidad de Cambridge, destacó que estos resultados se incorporan a un conjunto de evidencias cada vez más amplio que demuestra cómo la contaminación atmosférica afecta prácticamente a todos los sistemas del organismo y contribuye también al aumento de la mortalidad prematura.
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