Whirlpool cierra definitivamente su planta en Pilar y despide a 220 operarios que resisten el desalojo

La multinacional de electrodomésticos ha decidido finalizar sus operaciones productivas en el Parque Industrial de Fátima, argumentando condiciones de mercado adversas por la baja del consumo y el aumento de importaciones. Los empleados, notificados sin aviso previo, mantienen una permanencia pacífica en las instalaciones exigiendo respuestas claras sobre su futuro laboral y las indemnizaciones correspondientes.
Infórmate en DiarioPampero.com – La firma Whirlpool comunicó el cese de producción en su planta de Pilar, inaugurada hace tres años. Esta medida deja sin empleo a 220 operarios que decidieron permanecer en el predio como protesta. La empresa alega una baja en el consumo interno, competencia de importados y falta de competitividad exportadora. El cierre afecta la cadena de valor industrial, golpeando a proveedores locales como Techint ante el fuerte aumento de ingreso de electrodomésticos foráneos.
La compañía Whirlpool ha anunciado el cierre definitivo de su fábrica de lavarropas ubicada en el Parque Industrial de Fátima, en la localidad de Pilar. La determinación empresarial, comunicada de forma abrupta, conlleva la desvinculación de 220 trabajadores que desempeñaban funciones en dicha planta. Según los argumentos esgrimidos por la firma, la medida responde a un escenario económico complejo caracterizado por una marcada caída en el consumo interno, sumado a una afluencia de productos importados que ha erosionado su cuota de mercado. Asimismo, directivos de la empresa señalaron que la falta de competitividad para sostener las exportaciones fue un factor determinante para concluir las operaciones de manufactura en el país.
A través de un comunicado oficial, la multinacional detalló que se encuentra atravesando un proceso de transición hacia un modelo de negocio enfocado exclusivamente en la comercialización. Esta reconfiguración estructural de su operación en Argentina implica que Whirlpool dejará de producir localmente para concentrarse en actividades de venta y servicio postventa, con el objetivo de garantizar el abastecimiento de electrodomésticos, repuestos y accesorios en el territorio nacional. La empresa enfatizó que su continuidad en el país no está en discusión, sino que se adaptará a un esquema operativo alineado con las nuevas condiciones del entorno local y regional.
La reacción de la fuerza laboral no se hizo esperar ante la falta de preaviso. Ignacio Cabezas, uno de los trabajadores afectados, relató a medios locales que la desvinculación alcanzó a la totalidad de la nómina, incluyendo áreas administrativas y de recursos humanos. A pesar de que la compañía dispuso medios de transporte para facilitar el retiro del personal, un grupo mayoritario de empleados optó por rechazar el traslado y permanecer en la playa de carga de camiones. La postura de los operarios es mantener la resistencia en el lugar hasta obtener una respuesta coherente por parte de la patronal. Mientras tanto, voceros de la firma indicaron que mantienen diálogo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) para definir los paquetes de salida e indemnizaciones.
El impacto en la inversión industrial reciente y la competencia con los productos importados
El cierre de estas instalaciones representa un retroceso notorio para la capacidad industrial instalada en la región, considerando que la planta de Pilar había sido inaugurada hace tan solo tres años tras una inversión de 52 millones de dólares. El proyecto original contemplaba una producción anual de 300.000 lavarropas, con una proyección de destinar dos tercios de ese volumen a la exportación y los 100.000 restantes al mercado doméstico. Sin embargo, las condiciones macroeconómicas y los cambios en las dinámicas de comercio exterior han modificado drásticamente las previsiones iniciales, dejando inoperativa una estructura moderna y reciente.
La situación de Whirlpool no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de reclamos por parte de grandes actores de la industria nacional. Semanas atrás, Paolo Rocca, líder del Grupo Techint, había manifestado su preocupación respecto al volumen de importaciones de electrodomésticos terminados, los cuales desplazan a la producción local y afectan a toda la cadena de suministros, incluida la venta de chapa e insumos siderúrgicos. Según datos expuestos por el empresario, la importación de lavarropas escaló de 5.000 unidades mensuales el año pasado a 85.000 en el presente ejercicio, mientras que el ingreso de heladeras extranjeras pasó de 10.000 a 80.000 unidades, configurando un escenario de competencia que la planta de Pilar no logró resistir.
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