La industria textil argentina se hunde: producción en su mínimo histórico y gran caída del empleo

La industria textil argentina atraviesa el momento más crítico de su historia reciente al registrar durante el mes de enero el nivel de actividad más bajo desde el año dos mil dieciséis. Con casi el ochenta por ciento de sus maquinarias totalmente paralizadas en las fábricas, el sector sufre el fuerte impacto del ingreso masivo de productos importados a precios muy bajos. Esta difícil situación económica afecta a la producción nacional y pone en altísimo riesgo a miles de empleos en el país.
Infórmate en DiarioPampero.com – La Federación de Industrias Textiles Argentinas reportó una drástica caída interanual del veintitrés por ciento en su producción, dejando un escenario desolador para el rubro. El enorme ingreso de distintas prendas confeccionadas en el exterior, comercializadas muchas veces por debajo de sus verdaderos costos de fabricación, destruye la rentabilidad de las empresas nacionales. Ante esta grave crisis se exigen urgentes regulaciones para frenar los despidos.
Los datos oficiales difundidos por las entidades representativas del sector reflejan que el deterioro es mucho más profundo que en el resto del ámbito fabril nacional. Mientras el promedio general de la industria operó a poco más de la mitad de su potencial operativo total, el rubro de la indumentaria experimentó un retroceso sumamente preocupante, evidenciando una curva descendente constante que se arrastra desde los primeros meses de dos mil veinticuatro, superando incluso las bajas registradas durante el último año y afectando directamente al tejido productivo federal.
Uno de los principales detonantes de esta profunda retracción económica es el incremento exponencial en las importaciones de productos finalizados. Durante el mes de febrero, el país contabilizó compras al exterior por más de doce mil toneladas de artículos textiles, lo que implicó un enorme desembolso de millones de dólares. La composición de estas transacciones mostró una llamativa alteración de la dinámica comercial: crecieron de manera muy veloz las adquisiciones de prendas terminadas, mientras se desplomaron en paralelo las compras de insumos básicos e hilados necesarios para mantener la maquinaria local en funcionamiento.
La importación masiva de artículos terminados a valores irrisorios ha desatado una competencia sumamente perjudicial para la industria. Prendas vendidas muy por debajo del costo real de fabricación aniquilan cualquier rentabilidad posible. Ante esta compleja emergencia operativa, sumada a una alarmante pérdida de miles de puestos laborales, las ventas locales migran directo hacia ofertas foráneas.
Las denuncias efectuadas por los referentes institucionales de la cámara arrojan cifras sumamente alarmantes sobre las maniobras de importación. Actualmente se observan operaciones aduaneras donde las remeras de algodón ingresan a menos de un centavo de dólar, toallas a treinta centavos el kilo y pantalones por debajo del dólar unitario. Toda esta abismal distorsión genera que más del setenta por ciento del volumen comercializado por los importadores quede por debajo del umbral mínimo de costos que deben afrontar las empresas argentinas diariamente para sostener sus persianas abiertas y pagar las obligaciones tributarias.
A la crisis puramente manufacturera se suma el desmoronamiento de todo el mercado laboral que rodea al ecosistema textil. Los reportes indican que al cerrar el año dos mil veinticinco, las áreas que abarcan confección, calzado y tratamiento de cuero conservaban apenas cien mil trabajadores registrados formalmente, marcando una sangría de doce mil puestos en tan solo doce meses. Si la perspectiva de análisis se amplía desde fines del año dos mil veintitrés hasta la actualidad, la reducción del personal supera ampliamente las veinte mil fuentes de trabajo destruidas a lo largo de toda la República Argentina.
Pese a este hostil escenario para el sector fabril, el consumo minorista muestra algunos matices que confunden el panorama de recuperación. Las ventas en centros comerciales durante enero presentaron un ligero ascenso, evidenciando que la demanda del público persiste pero se concentra ahora casi exclusivamente en las alternativas extranjeras abaratadas que desplazan al producto de confección nacional. Por otra parte, las empresas locales apostaron por adquirir nueva tecnología destinando más de veinte millones de dólares, confiando en una futura recomposición. Frente a esto, desde las gerencias generales del sector textil insisten en la aplicación inmediata de medidas legales concretas y nuevas regulaciones aduaneras para frenar el desplome general y resguardar la caja estatal.
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