La caída del consumo lleva a los clientes a elegir productos más económicos


Los almacenes de barrio enfrentan una demanda más ajustada: los hogares destinan parte de sus ingresos a transporte, servicios y salud, compran menos unidades y buscan alternativas de menor precio, según describió Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros bonaerense.
Infórmate en DiarioPampero.com – La moderación de la inflación modificó el ritmo de las compras, pero no alcanzó para recomponer de manera sostenida las ventas en los comercios de cercanía.
Los almacenes de barrio advierten por la caída del consumo y describen un cambio en los hábitos de compra. Según Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, los clientes llegan al comercio con el presupuesto condicionado por gastos fijos.
En declaraciones a Infobae, Savore señaló que el transporte, la prepaga, el gas y la luz absorben una parte importante de los ingresos familiares. En ese contexto, afirmó que muchas personas compran “lo justo y necesario” y reducen las cantidades de alimentos que llevan.
El dirigente sostuvo que los lácteos aumentaron alrededor de un 4% durante el mes anterior y mencionó que la leche se vende por encima de los $2.000 por litro. También indicó que la moderación de los precios no logró recomponer de forma permanente el movimiento de los comercios.

Menos unidades y más comparación
De acuerdo con Savore, cerca del 40% del ingreso familiar puede quedar comprometido en obligaciones mensuales, entre servicios, transporte, salud y otros pagos. El resto debe cubrir alimentación y gastos cotidianos, lo que deja un margen más reducido para las compras en los almacenes.
El referente del sector comparó la situación actual con los meses de inflación más acelerada. Según recordó, durante diciembre de 2023 los precios llegaron a subir casi 30% en un mes, lo que llevaba a los consumidores a comprar apenas cobraban para anticiparse a nuevas remarcaciones.
Con una variación más lenta de los precios, Savore observó una reactivación temporal durante octubre, noviembre y diciembre, impulsada también por las compras de las fiestas. Sin embargo, afirmó que las ventas volvieron a caer en enero y febrero, en parte por las vacaciones, y que marzo y abril fueron meses difíciles para sostener los negocios.
A pesar de la baja en la demanda, el dirigente sostuvo que los comercios de cercanía continúan en actividad y que lograron mantenerse mejor que las grandes superficies. La relación habitual con los clientes y la posibilidad de adaptar la oferta aparecen, según su descripción, entre los factores que les permiten seguir funcionando.
La búsqueda de precios más bajos también modificó la composición de las góndolas. Savore afirmó que las marcas PYME ganaron espacio frente a las primeras marcas porque ofrecen alternativas más accesibles en alimentos básicos.
Como ejemplo, mencionó un pan lactal de primera marca de 600 gramos a $6.000, frente a una opción PYME de igual gramaje por $3.000. También comparó fideos de $1.200 en marcas pequeñas con productos de primera marca que, según indicó, llegan a $4.000.
En el rubro de galletitas, Savore sostuvo que las empresas PYME ocupan aproximadamente tres cuartas partes de la góndola. El dirigente vinculó ese avance con la diferencia de precios y con la necesidad de los consumidores de sostener compras frecuentes con presupuestos limitados.
Los cereales y la avena presentan una dinámica similar. Según explicó, una caja de cereales puede costar $8.000, mientras que algunos comercios compran el producto a granel y lo envasan en porciones del mismo gramaje por unos $3.000.
En el caso de la avena, señaló que los almacenes también pueden envasarla por cuenta propia y vender el mismo gramaje a $2.000, frente a cajas de marcas tradicionales cercanas a los $5.000. Estas alternativas buscan mantener productos habituales dentro de un rango accesible.
La desaceleración de los aumentos también cambió la administración del stock. Savore afirmó que los comercios ya no necesitan mantener grandes depósitos y que, en algunos casos, reponen mercadería para aproximadamente una semana, porque disminuyó la necesidad de cubrirse frente a remarcaciones diarias.
El fiado continúa presente en la relación entre los almacenes y sus clientes habituales, aunque con límites más estrictos. Savore explicó que los comerciantes pueden sostener deudas de entre $40.000 y $50.000 durante pocos días, pero no cuentan con margen suficiente para afrontar montos mucho mayores.
En ese sentido, advirtió que dejar llevar $300.000 en fiado aumenta el riesgo de que la deuda no sea cancelada. También comparó esta situación con las compras en cuotas ofrecidas por los bancos y aclaró que los almacenes pueden brindar esa posibilidad, aunque no buscan convertirla en una salida permanente.
