Lecanemab y donanemab ralentizan el Alzhéimer, pero no tienen financiación pública en el SNS


España cuenta con dos tratamientos aprobados para fases iniciales del alzhéimer, pero lecanemab y donanemab no están financiados por el Sistema Nacional de Salud. La decisión limita su acceso a quienes puedan afrontar el costo privado y genera reclamos de especialistas y familiares.
Infórmate en DiarioPampero.com – Los anticuerpos monoclonales eliminan placas de amiloide y pueden ralentizar la progresión, aunque requieren estudios, infusiones hospitalarias y controles por sus posibles efectos adversos.
Los nuevos fármacos contra el alzhéimer abrieron una posibilidad que durante años no existía para las personas con la enfermedad en su etapa inicial: modificar parcialmente su evolución. Sin embargo, lecanemab y donanemab no fueron incorporados a la financiación pública del Sistema Nacional de Salud.
La decisión fue adoptada por la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos, según el material difundido por la Sociedad Española de Neurología. La entidad expresó su preocupación porque ambos tratamientos solo pueden ser prescritos actualmente en el ámbito privado, lo que introduce una barrera económica para los pacientes.
Los dos medicamentos fueron aprobados por la Agencia Europea del Medicamento para su comercialización en la Unión Europea. De acuerdo con los resultados de los ensayos clínicos mencionados, pueden ralentizar la progresión del alzhéimer alrededor de un 30 %, aunque no curan la enfermedad ni detienen por completo su avance.

Tratamientos para casos seleccionados
Lecanemab, desarrollado por Eisai y Biogen, y donanemab, de Eli Lilly, son anticuerpos monoclonales. Su objetivo es actuar sobre el amiloide, una proteína que se acumula en el cerebro y está asociada con la enfermedad de Alzheimer.
Ambos fármacos atraviesan la barrera hematoencefálica, se unen a las proteínas relacionadas con las placas y activan la respuesta del sistema inmune para favorecer su eliminación. Según explicó el neurólogo Juan Fortea, los dos tienen mecanismos similares, una eficacia comparable y perfiles de riesgo parecidos.
La diferencia señalada entre ellos se relaciona con el momento en que actúan. El donanemab se dirige a las placas ya formadas, mientras que el lecanemab actúa sobre formas solubles del amiloide que circulan antes de agregarse.
En los ensayos clínicos, cuya duración fue de 18 meses, la ralentización del deterioro equivaldría a conservar aproximadamente seis meses adicionales de funcionalidad y capacidad cognitiva en comparación con personas que no recibieron esos tratamientos.
Los especialistas remarcan que ese resultado no significa una curación. Se trata de medicamentos que demoran la evolución de la enfermedad en pacientes cuidadosamente seleccionados, por lo que su indicación requiere una evaluación médica especializada.
No todos los pacientes con alzhéimer inicial pueden recibirlos. Están destinados a personas con deterioro cognitivo leve o demencia leve y con evidencia de acumulación de amiloide en el cerebro, que debe confirmarse mediante un estudio PET o el análisis del líquido cefalorraquídeo.
También es necesario estudiar el gen de la apolipoproteína E4. En el caso del donanemab, la información aportada indica que en Europa quedan excluidas las personas con dos copias de ese gen. Para el lecanemab, los pacientes no pueden tener más de una copia.
La Sociedad Española de Neurología estima que alrededor del 4 % del total de personas con alzhéimer podría beneficiarse de estos tratamientos. Juan Fortea ubicó la proporción entre el 10 % y el 15 % si se considera únicamente a quienes se encuentran en la fase inicial.
La administración tampoco es sencilla: los fármacos se aplican mediante infusiones y requieren infraestructura de hospital de día, pruebas previas y controles periódicos. Además, pueden producir efectos secundarios, por lo que los pacientes deben ser monitorizados de forma constante.
Fortea, director de la Unidad de Memoria del Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, describió la situación como inédita para una enfermedad grave, mortal y asociada con altos niveles de dependencia.
El especialista cuestionó que los avances científicos y diagnósticos desarrollados en el sistema público español convivan con la imposibilidad de ofrecer los dos primeros fármacos que modifican el curso de la enfermedad dentro de la sanidad pública.
Hasta la llegada de estos anticuerpos monoclonales, el tratamiento del alzhéimer se centraba en aliviar los síntomas. Esos medicamentos podían mejorar el estado cognitivo y reducir algunas alteraciones neuropsiquiátricas, pero no intervenían sobre la progresión de la enfermedad.
La Sociedad Española de Neurología sostuvo que excluir los tratamientos de la financiación pública genera una desigualdad marcada entre los pacientes. La entidad advirtió que el acceso queda condicionado por la capacidad económica de cada familia.
La Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias también reclamó cambios. En el marco del Día Mundial del Alzhéimer, la organización difundió el lema “El NO ya no es respuesta” para expresar su rechazo a lo que considera una situación de abandono y falta de acceso a la innovación.
La entidad afirma que casi cinco millones de personas en España, entre pacientes y familiares, conviven con la enfermedad. Sus reclamos apuntan a que el alzhéimer sea atendido como cualquier otra patología y a que las decisiones sanitarias contemplen las necesidades de las personas afectadas.
Mientras continúa el debate sobre la financiación, los especialistas destacan que la investigación atraviesa una etapa de expansión, con nuevos estudios y tratamientos en desarrollo. El acceso efectivo a las terapias aprobadas permanece, sin embargo, limitado al ámbito privado.
