Los Pactos de Letrán son una serie de acuerdos firmados entre la Santa Sede (el gobierno de la Iglesia Católica) y el Reino de Italia en 1929. Estos acuerdos pusieron fin a la llamada «Cuestión Romana», un conflicto de larga data entre el papado y el gobierno italiano sobre el estatus de la Ciudad del Vaticano y la relación entre la Iglesia y el Estado italiano.

Los pactos se dividieron en tres partes principales: el Tratado de Letrán, el Concordato y el Tratado Financiero.
El Tratado de Letrán estableció la independencia y la soberanía de la Ciudad del Vaticano como un estado soberano y reconocido internacionalmente. La Ciudad del Vaticano es el territorio donde se encuentra la residencia oficial del Papa y la sede de la Iglesia Católica. El tratado garantizó la neutralidad de la Ciudad del Vaticano y otorgó al Papa plena autoridad sobre sus asuntos internos.
El Concordato reguló las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado italiano en varias áreas. Estableció la religión católica como la religión oficial de Italia y reconoció la libertad de la Iglesia para llevar a cabo sus funciones pastorales. El Concordato también estableció la enseñanza religiosa católica en las escuelas italianas y definió la estructura y la jurisdicción de la Iglesia en Italia.
El Tratado Financiero estableció compensaciones económicas por las propiedades y territorios que la Iglesia Católica había perdido durante el proceso de unificación italiana en el siglo XIX. Italia proporcionó una indemnización financiera a la Santa Sede y reconoció la soberanía papal sobre la Ciudad del Vaticano.
En general, los Pactos de Letrán resolvieron una disputa histórica entre la Iglesia Católica y el Estado italiano, permitiendo la existencia de un estado independiente para el Papa y estableciendo un marco para las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Italia. Estos acuerdos siguen siendo la base de la relación entre la Santa Sede y el Estado italiano en la actualidad.
