El soldador que halló una cápsula de cesio-137 en el accidente de La Plata de 1968


El accidente radiactivo de La Plata en 1968
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El 3 de mayo de 1968, Carlos Gómez encontró una cápsula de cesio-137 en la refinería de YPF de Ensenada y la llevó en sus bolsillos durante 17 horas y media. La irradiación le provocó lesiones gravísimas, amputaciones y un caso médico estudiado en Argentina y el mundo.

Infórmate en DiarioPampero.com – La cápsula permaneció junto al cuerpo del obrero hasta que fue localizada semanas después, cuando la Comisión Nacional de Energía Atómica identificó el origen radiactivo de sus heridas.

El accidente radiactivo de La Plata comenzó cuando Carlos Gómez, un soldador boliviano de 37 años, encontró un objeto metálico brillante en el piso de la refinería de YPF en Ensenada. Creyó que podía tratarse de una bala usada, lo examinó y lo guardó en el bolsillo de su pantalón sin saber que era una fuente de cesio-137.

El trabajador llevó la cápsula durante su jornada del viernes 3 de mayo y volvió a guardarla al día siguiente, esta vez en el otro bolsillo. Según los estudios citados en la investigación, permaneció con la fuente junto a sus piernas durante 17 horas y media, con una exposición especialmente intensa en los muslos.

Las primeras lesiones fueron interpretadas como quemaduras de origen desconocido. Gómez fue internado en la Clínica Mosconi de Berisso y, tras la intervención de la Comisión Nacional de Energía Atómica, trasladado al Hospital de Quemados de Buenos Aires, donde recibió tratamiento por el grave daño provocado por la radiación.

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Una fuente fuera de control

La cápsula había sido denunciada como extraviada recién el 26 de mayo, casi un mes después del hallazgo. Ese retraso impidió relacionar de inmediato las heridas del soldador con una exposición radiactiva y dejó al trabajador internado durante 22 días con un diagnóstico que no explicaba la causa de su deterioro.

Cuando la CNEA localizó la fuente en el pantalón de trabajo que Gómez había dejado en el vestuario, también identificó a 17 compañeros que habían estado cerca del objeto. De acuerdo con los registros citados, esas personas recibieron dosis ínfimas y fueron monitoreadas, mientras que la exposición de Gómez había sido mucho mayor.

Las lesiones avanzaron desde los muslos hacia la zona inguinal y las manos. Aparecieron ampollas, necrosis, gangrena y úlceras profundas, además de daños en los órganos genitales. El tratamiento estuvo a cargo de especialistas del Hospital de Quemados y fue liderado por el médico Juan Carlos Giménez.

El deterioro vascular de las piernas hizo irreversible la destrucción de los tejidos. Según el reporte médico, la única alternativa para evitar una infección generalizada fue realizar amputaciones bilaterales: la pierna izquierda fue amputada en noviembre de 1968 y la derecha, en enero de 1969.

Los estudios también determinaron que la radiación había afectado los testículos y provocado esterilidad definitiva. La exposición localizada permitió que Gómez sobreviviera al impacto sistémico inmediato, aunque quedó sometido a controles médicos permanentes por el riesgo de complicaciones posteriores.

La gravedad del caso fue reconstruida mediante diferentes métodos, entre ellos el uso de un fantoma, un modelo empleado para estimar la distribución de las dosis. Investigadores de la UNLP y el CONICET señalaron que las lesiones observadas requerían una dosis absorbida de al menos 25 gray, equivalente, como referencia, a unas 25.000 radiografías de tórax.

En los análisis atribuidos al especialista Dan Beninson se estimó una dosis de 50 gray sobre la arteria femoral y una dosis media corporal de 0,5 gray. Los expertos consultados indicaron que el episodio se ubica en el nivel 3 de la escala INES, que clasifica la gravedad de los sucesos nucleares y radiológicos.

En mayo de 1969, el caso fue presentado en Viena durante un simposio organizado por el Organismo Internacional de Energía Atómica y la Organización Mundial de la Salud. El informe argentino describió la secuencia del accidente, las lesiones y las técnicas utilizadas para reconstruir la exposición.

Con el tiempo, el episodio quedó incorporado a registros internacionales como “La Plata orphaned source, 1968”. El OIEA lo utilizó en materiales de capacitación para la respuesta médica ante sobreexposiciones accidentales, mientras que informes de organismos internacionales lo incluyeron entre los accidentes radiológicos relevantes registrados desde 1945.

A pesar de su importancia científica, el accidente permaneció durante décadas fuera del conocimiento popular. La información fue manejada con discreción en un contexto en el que los accidentes radiactivos eran poco conocidos y las autoridades temían una reacción de alarma en la población.

La investigación también encontró dificultades para reconstruir la vida de Gómez después de las amputaciones. Las historias clínicas ya no están disponibles y distintas instituciones consultadas no pudieron aportar datos precisos sobre su domicilio, su trabajo o la fecha de su muerte.

De acuerdo con testimonios de especialistas vinculados al caso, Gómez sobrevivió al menos 20 años después del accidente y continuó bajo seguimiento clínico. Marina Di Giorgio, quien trabajó con Juan Carlos Giménez en la CNEA, recordó que el médico controlaba al paciente una vez por año y que fueron necesarias sucesivas cirugías regenerativas.

Otros profesionales estimaron que el soldador pudo haber vivido entre 25 y 30 años después de la exposición, aunque no lograron precisar la fecha de su fallecimiento. En un informe conjunto de 1998, el OIEA y la OMS consignaron que el accidente de La Plata no había registrado muertes, un dato que indicaba que Gómez seguía con vida tres décadas después del episodio.

El caso dejó además una enseñanza sobre los riesgos de las llamadas fuentes huérfanas, materiales radiactivos que quedan fuera del control de sus responsables. La pérdida de la cápsula y la demora en informar su desaparición expusieron las consecuencias de la falta de controles y de protocolos adecuados.

Para los profesionales que estudiaron el episodio, la experiencia argentina permitió desarrollar conocimientos aplicables a otros accidentes. La intervención de los médicos del Hospital de Quemados y el trabajo de la CNEA convirtieron la historia de Gómez en una referencia para el diagnóstico y tratamiento de radiolesiones graves.

El accidente radiactivo de La Plata fue informado públicamente recién el 29 de mayo de 1968, cuando el cuadro del trabajador ya era crítico. Más de medio siglo después, la reconstrucción del caso vuelve a poner en escena la dimensión humana, médica y científica de una tragedia que durante años permaneció casi olvidada.

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