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El asesinato impune de Kosteki y Santillán que sacudió a Argentina

El 26 de junio de 2002, la ciudad de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, fue escenario de un trágico evento conocido como la Masacre de Avellaneda o el asesinato de Kosteki y Santillán. Maximiliano Kosteki, de 22 años, originario de Guernica, y Darío Santillán, de 21 años, residente de Lanús, fueron brutalmente asesinados por balas policiales durante una manifestación en el Puente Pueyrredón. Este acto de violencia desató una crisis política y social en el país, que tuvo consecuencias significativas.

La Masacre de Avellaneda tuvo lugar en un contexto de profunda crisis económica y social en Argentina, derivada de la crisis de diciembre de 2001 y la posterior devaluación del peso argentino. La pobreza y la indigencia se habían disparado, y las protestas y manifestaciones eran frecuentes en ese momento. Las organizaciones piqueteras, que luchaban por los derechos de los desempleados, jugaron un papel destacado en la movilización del 26 de junio de 2002.

La manifestación tenía como consignas principales el aumento de los salarios, duplicar los subsidios para los desempleados, asegurar alimentos para los comedores populares y solidarizarse con la fábrica ceramista Zanón. Sin embargo, las fuerzas de seguridad impidieron el acceso al puente y desalojaron violentamente a los manifestantes, entre ellos Kosteki y Santillán, que pertenecían a la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón.

Existen evidencias en forma de fotografías y videos que muestran cómo dos oficiales de la policía provincial dispararon contra los manifestantes, incluso cuando estaban separados del resto. Estas pruebas fueron clave en la investigación judicial que siguió a los acontecimientos. El fiscal a cargo del caso, Juan José González, solicitó la requisición de las armas de los policías involucrados y se descubrió que las víctimas habían sido asesinadas con perdigones de plomo disparados desde una escopeta calibre 12.70. Dos altos oficiales de la policía bonaerense fueron condenados a prisión perpetua por su participación en los asesinatos.

La Masacre de Avellaneda desencadenó una crisis política en Argentina y precipitó la salida del presidente interino Eduardo Duhalde, quien convocó a elecciones presidenciales para el año siguiente. Además de las consecuencias políticas, este trágico evento puso de manifiesto la represión y la impunidad de las fuerzas de seguridad, así como las profundas desigualdades sociales y económicas que existían en el país.

Hoy, más de dos décadas después de la Masacre de Avellaneda, la memoria de Kosteki y Santillán sigue viva en la lucha por la justicia social y el respeto a los derechos humanos en Argentina. Su sacrificio ha dejado una marca indeleble en la historia del país.

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