El Centro de Simulación de la UNLPam consolida la formación práctica en la nueva carrera de Medicina en La Pampa

La UNLPam impulsa la formación médica con un Centro de Simulación equipado con tecnología avanzada. Allí, estudiantes practican en entornos controlados antes de atender pacientes reales. Claudio Berardi, instructor de la Facultad de Ciencias Médicas, destacó que la simulación fortalece habilidades técnicas y humanas, reduce riesgos y mejora la seguridad en salud.
Con tecnología de avanzada y un enfoque pedagógico integrado, la Universidad Nacional de La Pampa fortalece la formación de sus futuros médicos mediante prácticas en entornos simulados que priorizan la seguridad del paciente y el aprendizaje gradual antes del contacto con la realidad hospitalaria.
La puesta en marcha de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) tiene como uno de sus pilares al moderno Centro de Simulación, un espacio diseñado para que los estudiantes desarrollen competencias clínicas en un entorno controlado antes de interactuar con pacientes reales.
El centro está a cargo de Claudio Berardi, instructor de simulación clínica de la Facultad de Ciencias Médicas, quien asumió el desafío de acompañar la formación de las primeras cohortes. Médico egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1998 y especializado en medicina interna, Berardi combina su experiencia asistencial con la docencia, convencido de que ambas dimensiones deben integrarse desde el inicio del trayecto universitario.
“La simulación clínica es una herramienta de aprendizaje basada en la capacitación de actitudes, aptitudes, destrezas y habilidades psicomotrices en un ambiente seguro cuya finalidad última es la seguridad de los pacientes”, explicó. Según señaló, este enfoque permite revisar modelos tradicionales de enseñanza en los que las primeras prácticas se realizaban directamente sobre personas, muchas veces sin instancias formales de análisis posterior.
Formación gradual en entornos de bajo y alto realismo
El Centro de Simulación está organizado en etapas progresivas. En el sector de “bajo realismo”, los estudiantes adquieren habilidades iniciales como el lavado de manos, la reanimación cardiopulmonar, la ventilación, la toma de presión arterial y el control de signos vitales, además del manejo de instrumental específico.
En una segunda fase se entrenan procedimientos más complejos: atención de partos, recepción del recién nacido, colocación de sondas, administración de sueros, extracción de sangre e intubación endotraqueal. Cada instancia está pensada para consolidar conocimientos teóricos y transformarlos en prácticas repetidas hasta alcanzar destreza.
El área de “alto realismo” reproduce una sala de internación. Allí, maniquíes de última generación pueden ser auscultados y emitir sonidos normales o patológicos. Desde una cámara gesell, los docentes observan y controlan la programación de síntomas, evaluando la capacidad de los estudiantes para reconocer cuadros clínicos y actuar ante situaciones críticas.
Además de las técnicas, el entrenamiento incluye habilidades comunicacionales, toma de decisiones y liderazgo. La evaluación no se limita a la ejecución correcta de un procedimiento, sino que contempla la interacción con el “paciente” simulado y la claridad en la explicación de conductas médicas.
Berardi aportó un dato que dimensiona la relevancia de este tipo de formación: la deficiente atención médica figura entre las principales causas de muerte a nivel mundial, por detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En ese contexto, la práctica en simuladores contribuye a reducir errores y fortalecer la preparación antes del contacto directo con personas.
El recorrido académico está diseñado bajo un esquema integrado. Las materias ya no se dictan como compartimentos aislados, sino articuladas desde el primer año. De este modo, contenidos como anatomía, histología y fisiología se relacionan de manera directa con la práctica clínica temprana, evitando que los conocimientos básicos queden desvinculados de su aplicación.
La planificación de la carrera comenzó en noviembre de 2024, con un trabajo intenso para llegar al inicio de clases con respaldo académico y organización definida. En esta primera etapa, los estudiantes fueron distribuidos en 16 comisiones. El acceso al Centro de Simulación se habilita luego de aprobar tres materias bimestrales: Introducción a las Ciencias Biológicas, Introducción al Ciclo Vital y Taller de Alfabetización Académica. Posteriormente cursan asignaturas anuales como Articulación Clínica 1 y Formación del Cuerpo Humano.
La tecnología cumple un rol central. Durante las prácticas de RCP u otros procedimientos, una aplicación brinda retroalimentación inmediata sobre la calidad de las maniobras. El sistema puede advertir, por ejemplo, si el masaje cardíaco es ineficaz o si el ángulo de extracción resulta insuficiente, permitiendo corregir en el momento.
Para Berardi, el objetivo final es formar médicos que no solo dominen la técnica, sino que sitúen al paciente en el centro del proceso asistencial. “Hoy se pretende que el profesional escuche, mire y acompañe a la persona que consulta, y que pueda explicarle con claridad qué puede ocurrir si no sigue determinadas recomendaciones”, sostuvo.
Con esta infraestructura y un enfoque pedagógico articulado, la UNLPam consolida los primeros pasos de su carrera de Medicina, apoyada en un modelo que combina innovación tecnológica, práctica supervisada y formación humanística desde el inicio.
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