El calentamiento del Pacífico modifica las lluvias y eleva riesgos


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La intensificación de El Niño puede modificar la distribución de las lluvias y aumentar el riesgo de incendios, inundaciones, sequías y otros fenómenos extremos en distintas regiones.

Infórmate en DiarioPampero.com – El calentamiento del Pacífico tropical altera la circulación atmosférica y puede afectar cultivos, salud y ecosistemas.

La intensificación de El Niño puede alterar las lluvias y las temperaturas durante los próximos meses, con mayores riesgos de incendios forestales, inundaciones, pérdidas agrícolas, enfermedades y blanqueamiento de corales en diferentes regiones del planeta.

El fenómeno se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical se calientan más de lo habitual. Ese cambio modifica la circulación del aire, altera la formación de nubes y redistribuye las precipitaciones, por lo que algunas regiones pueden atravesar lluvias intensas mientras otras enfrentan períodos prolongados de sequía.

El análisis citado por el medio británico New Scientist también señala que el calentamiento global puede intensificar las consecuencias. Tim Stockdale, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó que una atmósfera más cálida contiene mayor cantidad de humedad y energía.

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Sequías e incendios en Indonesia

Uno de los focos de preocupación se encuentra en Indonesia, donde la sequía favoreció la expansión de incendios en bosques y turberas. Hasta junio, las llamas habían afectado cerca de 1.000 kilómetros cuadrados y, posteriormente, la superficie quemada se duplicó en dos oportunidades, según el medio británico citado.

La falta de humedad facilita que las quemas agrícolas alcancen la vegetación y los suelos de turba, que almacenan grandes cantidades de carbono. El humo también deteriora la calidad del aire y puede afectar la salud de cientos de miles de personas.

En el Pacífico occidental, los cambios atmosféricos también pueden favorecer la formación de ciclones tropicales. Filipinas, Japón, Taiwán y el este de China aparecen entre las zonas expuestas a un posible incremento de tifones.

África enfrenta escenarios diferentes

El impacto de El Niño no será uniforme en África. En Etiopía, las escasas precipitaciones registradas entre junio y septiembre ya afectaron las cosechas, mientras que Sudán del Sur enfrenta una situación de inseguridad alimentaria.

Si El Niño se fortalece, el sur de Etiopía, Kenia y Somalia podrían recibir lluvias intensas e inundaciones repentinas. Durante el fenómeno de 1997, las inundaciones vinculadas con El Niño causaron alrededor de 3.000 muertes en África oriental, según los datos citados por New Scientist.

En cambio, el sur del continente podría atravesar un período de precipitaciones escasas. Malaui, Zambia y Zimbabue podrían registrar lluvias inferiores a las habituales, con consecuencias sobre la producción de maíz y el acceso a los alimentos.

Ilan Kelman, investigador de University College London, señaló que la magnitud de los daños también depende de la capacidad de prevención y respuesta. Según explicó, los fenómenos meteorológicos no necesariamente se convierten en desastres cuando existen inversiones destinadas a reducir sus efectos.

Perú y América también pueden recibir lluvias extremas

En Perú, el calentamiento de las aguas costeras puede combinarse con lluvias intensas y provocar desbordes, derrumbes y daños en caminos e infraestructura. El denominado “Niño costero” ocurre cuando se calientan las aguas habitualmente frías frente a la costa peruana.

El informe citado señala que al menos 52 personas murieron en Perú por inundaciones y deslizamientos asociados con ese fenómeno. Episodios anteriores provocaron también importantes daños en Ecuador y Bolivia.

En América del Norte, las lluvias asociadas con El Niño también pueden generar riesgos. En California, las precipitaciones de 1998 provocaron cientos de deslizamientos de tierra y barro, especialmente en zonas montañosas y áreas urbanas con sistemas de drenaje insuficientes.

Inundaciones y enfermedades

Las consecuencias de las inundaciones pueden extenderse más allá de los daños materiales. El desborde de sistemas de saneamiento puede contaminar el agua de consumo y favorecer enfermedades como cólera y leptospirosis.

Además, las temperaturas elevadas y la acumulación de agua estancada generan condiciones favorables para los mosquitos que transmiten malaria y dengue. En 1998, las lluvias extraordinarias en el norte de Sudamérica coincidieron con brotes de cólera en Perú y otros países.

Ese mismo año, las precipitaciones superiores a los valores habituales en África oriental estuvieron asociadas con una expansión de la malaria y de la fiebre del Valle del Rift. Rachel Lowe, del Centro de Supercomputación de Barcelona, advirtió que los efectos pueden ser mayores en lugares con sistemas sanitarios y de saneamiento más vulnerables.

El calentamiento del océano y los corales

El aumento persistente de la temperatura del mar también representa una amenaza para los arrecifes de coral. Cuando el agua se calienta demasiado, los corales expulsan las algas de las que obtienen energía, provocando un proceso conocido como blanqueamiento.

Si las temperaturas elevadas se mantienen durante períodos prolongados, el blanqueamiento puede provocar la muerte de los corales. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advirtió que arrecifes de casi todos los océanos tropicales vuelven a estar expuestos a un riesgo elevado.

Los tres episodios intensos anteriores de El Niño coincidieron con blanqueamientos masivos, debido a una menor llegada de agua fría desde las profundidades hacia la superficie.

El efecto de El Niño sobre la temperatura media global suele sentirse meses después de su punto máximo, debido al tiempo que necesita el calor para distribuirse entre la atmósfera y los océanos. El análisis citado plantea que 2027 podría ser el año más cálido registrado, con temperaturas particularmente elevadas durante el verano del hemisferio norte.

Los pronósticos también contemplan la posibilidad de que, después de la fase cálida, aparezca La Niña, caracterizada por el enfriamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial. Ese cambio puede alternar períodos de sequía e inundaciones y aumentar la presión sobre la producción de alimentos, los sistemas de salud, el transporte y el suministro de energía.

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