El Secreto de la Atracción por los Alimentos Grasos: Descubriendo la Respuesta en el Cerebro

¿Por qué amamos tanto los alimentos grasos? La neurociencia tiene la respuesta en nuestro cerebro.
El Cerebro y su Fascinación por los Alimentos Grasos
Un equipo de científicos ha identificado la parte del cerebro que determina por qué amamos tanto los alimentos ricos en grasas. La corteza orbitofrontal, responsable de procesar las recompensas, es la clave para entender por qué la textura suave y aceitosa de los alimentos grasos los hace irresistibles. Esto arroja luz sobre cómo la sensación en la boca guía nuestra conducta alimentaria y puede revolucionar la creación de alimentos bajos en calorías que aún satisfagan nuestros deseos.
Más Allá del Sabor: Cómo Nuestros Sentidos Influyen en la Alimentación
La experiencia culinaria va más allá del sabor en la boca; nuestros sentidos, como el olfato, la visión y el tacto, juegan un papel crucial en nuestra preferencia por los alimentos. Los científicos combinaron la ingeniería alimentaria con la neuroimagen funcional para investigar cómo las texturas afectan nuestros hábitos alimentarios. Descubrieron que la corteza orbitofrontal, una región cerebral relacionada con las recompensas, refleja la textura de los alimentos grasos. Esto podría revolucionar nuestra comprensión de por qué elegimos ciertos alimentos y ayudarnos a controlar mejor nuestra ingesta.
La Influencia de la Textura en la Elección Alimentaria
La investigación llevada a cabo por Fabian Grabenhorst, neurocientífico de la Universidad de Oxford, y sus colegas, se centró en cuantificar la sensación en la boca de los alimentos grasos. Invitaron a 22 personas a probar diversos batidos y escanearon sus cerebros. Tras degustar cada batido, los participantes realizaron ofertas sobre cuánto gastarían por un vaso lleno del mismo batido. Los escáneres cerebrales revelaron que los patrones de actividad en la corteza orbitofrontal (OFC), implicada en el procesamiento de recompensas, reflejaban la textura de los batidos.
Específicamente, las respuestas de OFC a los alimentos en la boca coincidieron con la sensación suave y aceitosa que los líquidos grasos generan en la superficie bucal. Esto sugiere que esta región del cerebro está vinculada a la textura de los alimentos y al valor otorgado a estos.
Este hallazgo se amplió al observar la ingesta real de alimentos. Los participantes regresaron al laboratorio para un almuerzo con varios platos de curry que variaban en contenido de grasa. Sin su conocimiento, los investigadores midieron cuánto curry consumían. Descubrieron que aquellos cuyos OFC eran más sensibles a la textura grasa tenían más probabilidades de consumir más curry rico en grasas en comparación con aquellos menos sensibles.
En última instancia, estos hallazgos aportan una nueva dimensión a la comprensión de la elección de alimentos. Pueden ayudar a desarrollar alimentos bajos en calorías que imiten la textura de los alimentos grasos, brindando una sensación satisfactoria sin las calorías adicionales. También arrojan luz sobre los mecanismos neuronales detrás de la tendencia a comer en exceso, lo que podría tener un impacto significativo en la lucha contra el aumento de peso.
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