Simulaciones del Instituto Indio de Ciencia plantean masas de hasta 2,4 soles


Investigadores del Instituto Indio de Ciencia propusieron, a partir de simulaciones, que algunas enanas blancas podrían superar el límite de Chandrasekhar y alcanzar hasta 2,4 masas solares gracias al efecto de campos magnéticos internos.
Infórmate en DiarioPampero.com – El estudio reconstruyó la evolución de estas estrellas y analizó cómo la acumulación de materia en sistemas binarios puede fortalecer su campo magnético y modificar su capacidad para soportar gravedad.
Las enanas blancas super-Chandrasekhar son el centro de una investigación que podría ampliar la comprensión sobre la masa máxima de las estrellas muertas. Según el trabajo, los campos magnéticos internos permitirían que algunas de ellas soporten una cantidad de materia superior a la prevista por los modelos convencionales.
El límite de Chandrasekhar establece que una enana blanca sin campos magnéticos significativos puede alcanzar aproximadamente 1,4 veces la masa del Sol. Cuando una estrella de este tipo se aproxima a ese umbral, el aumento de presión y densidad puede desencadenar una explosión termonuclear conocida como supernova de tipo Ia.
Las simulaciones realizadas por investigadores del Instituto Indio de Ciencia sugieren que una enana blanca magnetizada podría llegar a unas 2,4 masas solares. El resultado, publicado en The Astrophysical Journal Letters, se basa en modelos computacionales y no en la observación directa de una estrella que haya alcanzado esa masa.

El papel de los campos magnéticos
Las enanas blancas son los núcleos densos que quedan después de que ciertas estrellas agotan su combustible nuclear. Aunque tienen un tamaño similar al de la Tierra, pueden contener una masa comparable o superior a la del Sol, lo que genera una intensa gravedad en su interior.
El equipo modificó el programa STARS, desarrollado en la Universidad de Cambridge, para incorporar campos magnéticos y el enfriamiento de las enanas blancas. Con esa herramienta siguió la evolución de las estrellas desde la etapa en la que fusionan hidrógeno hasta su transformación en objetos compactos.
Los investigadores también modelaron un sistema binario en el que una enana blanca extrae materia de una estrella compañera. Ese proceso, conocido como acreción, permite que el astro compacto gane masa con el tiempo y sirvió para estudiar cómo cambia su estructura interna.

De acuerdo con las simulaciones, la acumulación de materia hace que la enana blanca se contraiga y aumente su densidad. Esa compresión puede fortalecer el campo magnético interno, que aporta presión adicional para contrarrestar la gravedad y permite contener más material.
El modelo también modifica la relación habitual entre la masa y el tamaño de una enana blanca. Según los autores, el límite máximo podría variar en función de la intensidad y el comportamiento de los campos magnéticos dentro de cada estrella.
La investigación busca explicar además por qué algunas enanas blancas observadas presentan radios mayores que los previstos para sus masas. La presión magnética aparece como una posible explicación, aunque la propuesta requiere nuevas comprobaciones mediante observaciones astronómicas.
El estudio fue impulsado por una pregunta planteada en 2011 al profesor Banibrata Mukhopadhyay, autor correspondiente del trabajo. Zenia Zuraiq, primera autora y estudiante de doctorado del instituto, señaló que el desafío era establecer no solo si estas estrellas podían existir, sino también si podían formarse mediante una evolución estelar posible.
El resultado podría tener consecuencias para el análisis de las supernovas de tipo Ia, utilizadas por los astrónomos como referencias para medir distancias cósmicas. Si algunas explosiones se originan en enanas blancas con masas y campos magnéticos diferentes, sus niveles de brillo podrían apartarse de los patrones esperados.
Los autores plantean que este mecanismo también podría ayudar a interpretar algunas supernovas de tipo Ia excepcionalmente brillantes. Sin embargo, el material disponible aclara que las conclusiones proceden de simulaciones y que todavía es necesario confirmar mediante observaciones si las estrellas pueden alcanzar esas masas extremas.
