Los planes sociales crecieron un 50% con Milei: AUH y Alimentar son los únicos ingresos que le ganaron a la inflación

Pese al discurso de austeridad y recorte del Estado, la gestión de Javier Milei registra un aumento sustancial en la cobertura de asistencia social directa. Los datos oficiales indican que la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar no solo sumaron beneficiarios, alcanzando los seis millones, sino que fueron los únicos ingresos que superaron el índice inflacionario. Esta estrategia de contención explica la ausencia de estallidos en un contexto de caída del salario real y del empleo.
Infórmate en DiarioPampero.com – El mapa de la asistencia estatal muestra un crecimiento inédito de las transferencias directas bajo el gobierno libertario. Mientras jubilaciones y sueldos pierden contra los precios, los planes sociales alcanzan niveles históricos de cobertura y poder adquisitivo. Este fenómeno, que rompe con la narrativa del fin de la ayuda estatal, revela cómo la administración actual ha priorizado la contención de los sectores más vulnerables para amortiguar el impacto del ajuste económico.
Contra todo pronóstico y en dirección opuesta a la narrativa de campaña que prometía el fin de la asistencia estatal masiva, los registros presupuestarios al cierre de los primeros dos años de gestión de Javier Milei revelan una realidad distinta. La ayuda directa a los estratos más bajos de la pirámide social se ha consolidado como la única partida del gasto público que experimentó un crecimiento sostenido, tanto en el volumen de personas alcanzadas como en su capacidad de compra real. Las estadísticas marcan que el universo de beneficiarios se ha expandido considerablemente en comparación con la administración anterior.
De acuerdo con la información gubernamental actualizada a diciembre de 2025, la Asignación Universal por Hijo (AUH) cubre a 4.114.513 titulares, cifra que incluye a más de 93.000 beneficiarios por discapacidad. De manera paralela, la Tarjeta Alimentar asiste a 2.546.130 familias, impactando en la nutrición de más de 4,5 millones de niños. La suma de estos programas arroja un total que supera los seis millones de planes sociales activos, lo que representa un incremento del 50 por ciento respecto a los registros del gobierno de Alberto Fernández.
El análisis de los números expone una disparidad notable en la política de ingresos. Mientras que el salario mínimo y las jubilaciones han sufrido un deterioro constante frente al avance de los precios, perdiendo capacidad de compra mes tras mes, las transferencias directas como la AUH y la Tarjeta Alimentar han logrado ubicarse por encima de la inflación. Informes de consultoras económicas y observatorios sociales coinciden en que el punto más bajo del poder adquisitivo de estas asignaciones se registró en 2023, durante el último año de gestión peronista, y que la recuperación ha sido una constante durante el actual mandato.
La paradoja del modelo libertario: ajuste fiscal macroeconómico con expansión de la cobertura social directa como mecanismo de contención ante el deterioro de los ingresos formales
Esta dinámica responde a una reconfiguración de la política asistencial. La estrategia oficial consistió en desplazar a las organizaciones sociales y piqueteras de su rol de intermediarios, para fortalecer el vínculo directo entre el Estado y el beneficiario. Este movimiento permitió robustecer los montos percibidos por las familias sin la necesidad de negociación política con terceros. La AUH actual es un 23 por ciento más alta en términos reales que la abonada durante la presidencia anterior y supera en un 10 por ciento a la vigente durante el gobierno de Cristina Kirchner.
El incremento nominal de estas partidas ha sido contundente. Entre el final de 2023 y el mismo periodo de 2024, la Asignación Universal por Hijo registró una suba cercana al 100 por ciento según las métricas oficiales, consolidándose como el principal amortiguador social frente a la devaluación inicial del 120 por ciento y la posterior recesión. Esta red de contención ha resultado fundamental para evitar un conflicto social generalizado, en un escenario donde el empleo formal de calidad muestra signos de debilidad, con la pérdida de aproximadamente 180.000 puestos de trabajo en los últimos dos años.
La historia reciente de la asistencia social en Argentina muestra una curva ascendente que trasciende los colores políticos. En 2015, la gestión kirchnerista finalizó con 250.000 planes, una cifra que se multiplicó durante la presidencia de Mauricio Macri hasta llegar al millón y medio. La pandemia bajo el mandato de Fernández elevó ese número a cuatro millones, y la tendencia continuó al alza con la actual administración, pese a la normalización sanitaria. Este fenómeno evidencia que, más allá de los discursos, la estructura de subsidios directos se ha vuelto estructural.
Si bien estos aumentos han logrado que los ingresos por asistencia no sean licuados por la inflación, la realidad es que apenas cubren el umbral alimentario. Los montos combinados de la AUH y la Tarjeta Alimentar permiten a las familias acceder a la Canasta Básica Alimentaria, evitando la indigencia extrema, pero resultan insuficientes para cubrir la Canasta Básica Total y superar la línea de pobreza. Sin embargo, este piso mínimo de ingresos ha funcionado como un dique de contención efectivo mientras el ajuste recae con mayor fuerza sobre los trabajadores formales y la clase media.
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