La historia de María Antonia y el mausoleo que conserva su memoria


María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, nació en Santiago del Estero y dedicó su vida a sostener los Ejercicios Espirituales tras la expulsión de los jesuitas. Su obra en Buenos Aires quedó ligada a la Santa Casa de Ejercicios y a la Basílica de La Piedad, donde descansan sus restos.
Infórmate en DiarioPampero.com – Un libro de Oscar Andrés de Masi reconstruyó la historia del mausoleo, los traslados de los restos y los homenajes que recibió la religiosa, cuya canonización renovó el interés por su trayectoria.
María Antonia de Paz y Figueroa, también llamada María Antonia de San José y Mama Antula, nació en Santiago del Estero en 1730. A los 15 años asumió la condición de beata, una forma de consagración laica, y comenzó a colaborar con la Compañía de Jesús.
Cuando los jesuitas fueron expulsados de América en 1767, la religiosa tomó el relevo de su tarea espiritual. Recorrió a pie distintas zonas del Virreinato, entre ellas Tucumán, Jujuy y Córdoba, para promover los Ejercicios Espirituales Ignacianos, aun en un contexto adverso para la orden.
En 1779 llegó a Buenos Aires, donde tenía 49 años, y luego de gestionar durante un período prolongado el permiso virreinal fundó la Santa Casa de Ejercicios Espirituales. El lugar se convirtió en un espacio de formación religiosa y recibió a figuras vinculadas con la historia argentina.

Una misión en tiempos difíciles
La Casa de Ejercicios de la avenida Independencia 1190 todavía existe y es sede de la congregación Sociedad Hijas del Divino Salvador. También funciona como museo, con visitas coordinadas, y es considerada uno de los edificios coloniales mejor conservados de la Ciudad de Buenos Aires.
Según el material presentado sobre su trayectoria, por la Casa de Ejercicios pasaron Santiago de Liniers, Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia, entre otros. También realizaron allí los ejercicios Juan Manuel de Rosas, Manuelita Rosas, Juan Bautista Alberdi y Bartolomé Mitre.
Mama Antula mantuvo además correspondencia con los jesuitas expulsados y sus cartas fueron traducidas a distintos idiomas. De ese modo, informó sobre la situación del territorio y sostuvo vínculos con religiosos que se encontraban dispersos en diferentes lugares del mundo.

La causa de canonización recibió un nuevo impulso durante el período en que Jorge Bergoglio fue arzobispo de Buenos Aires. En 1999 se conformó una comisión de historiadores para reunir documentación, mientras que en 2010 el entonces cardenal volvió a recordar públicamente la figura de María Antonia.
El material fuente señala que Benedicto XVI la proclamó venerable en 2010, que fue beatificada en 2016 y que el papa Francisco la canonizó en 2023, convirtiéndola en la primera santa argentina. Su figura quedó asociada a la continuidad de la espiritualidad jesuita y a los comienzos de la identidad religiosa del país.
La Basílica Nuestra Señora de la Piedad, ubicada en Bartolomé Mitre 1532, conserva el mausoleo de la santa. Allí se presentó el libro La memoria de una santa en la Iglesia de La Piedad, de Oscar Andrés de Masi, una investigación centrada en la construcción del sepulcro y en la historia de los restos.
María Antonia murió el 7 de marzo de 1799. Su primer entierro fue sencillo y se realizó en el camposanto de La Piedad, de acuerdo con su voluntad. Con el paso del tiempo, sus restos fueron encontrados, identificados y trasladados dentro del templo hasta llegar al mausoleo construido en 1913.
La escultura del mausoleo la representa descalza, con una cruz en la mano derecha y el libro de los Ejercicios Espirituales en la izquierda. De Masi describió la postura como una actitud de salida, vinculada con los viajes que realizó para llevar su misión religiosa por distintas regiones.
El sepulcro fue declarado sepulcro histórico nacional en 2014, antes de que la basílica obtuviera el reconocimiento patrimonial en 2017. Para los investigadores y religiosos que participaron de la presentación, ese proceso contribuyó a preservar la memoria de una mujer cuya actividad se intensificó durante las últimas décadas de su vida.
