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Un pacto que no fue… Un acto patrio que no pude vivir…

Un pacto que no fue… Un acto patrio que no pude vivir…

Este fin de semana llegamos a Córdoba con la ilusión de participar del acto «No Al Pacto de Mayo», fue el único al que pudimos asistir, pues al acto de mayo convocado por el presidente de la nación nos fue imposible acceder. Por eso me atrevo a compartirles estas líneas cargadas de amargura, para que podamos reflexionar juntos sobre qué tipo de libertad nos brinda realmente este Estado.

Un acto patrio debería ser un momento de unión, donde la ciudadanía pueda recibir con los brazos abiertos al Presidente de la Nación, sobre todo cuando se trata de un mandatario que parece visitar más los Estados Unidos que su propio país. Sin embargo, el anunciado «Pacto de Mayo» se convirtió en una decepción amarga para quienes anhelaban una verdadera celebración nacional.

En estos días hemos comprendido que el denominado Pacto de Mayo tenía como principal objetivo presionar a los gobernadores y a sus ciudadanos para que se sometieran nuevamente al gobierno central liderado por Javier Milei. El tan publicitado pacto terminó siendo simplemente un acto para sus simpatizantes y seguidores.

Mientras las organizaciones de derechos humanos y el movimiento obrero organizaban un contra acto, con la esperanza de dar voz al pueblo, el supuesto pacto se revelaba como una simple pantomima. Una puesta en escena vacía, carente del espíritu inclusivo que debería caracterizar a estas conmemoraciones.

La amargura se acentuó al enfrentarse a un despliegue de seguridad opresivo en las inmediaciones de la Plaza San Martín de Córdoba. A diez cuadras a la redonda, la ciudadanía se veía impedida de acceder al corazón de la celebración, a menos que formaran parte del círculo libertario o residieran en las cercanías. 

Un escenario desolador, donde la identificación y el registro de asistentes se imponían como barreras de un gobierno cada vez más solo.

La nostalgia invade al recordar aquellos tiempos en los que las fiestas patrias convocadas por los movimientos populares como verdaderos espacios de encuentro; nadie necesitaba una identificación, ni era sometido a listas de control… porque era la fiesta de todos. Momentos en los que la unidad nacional prevalecía sobre las divisiones políticas; y cada voz podía expresarse libremente en el marco de estas conmemoraciones.

Las imágenes televisivas muestran cómo, a lo largo del tiempo, diversos actores políticos han tenido la oportunidad de manifestarse en estos actos, sin importar su afinidad ideológica. Sin embargo, el «Pacto de Mayo» se convirtió en un amargo recordatorio de la exclusión y la falta de apertura que ahora impera en nuestro país.

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