Un estudio global estimó 178.203 casos y alertó por el acceso al tratamiento


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Un estudio internacional estimó que 178.203 personas tenían anorexia nerviosa o bulimia nerviosa en la Argentina durante 2023. La cifra representa una prevalencia 62,4% superior al promedio mundial, aunque no surge de un registro nacional de pacientes.

Infórmate en DiarioPampero.com – La investigación también registró un aumento de las consultas, diagnósticos a edades más tempranas y dificultades para acceder y sostener tratamientos especializados en distintas provincias.

La anorexia y la bulimia en Argentina aumentaron un 76,9% entre 1990 y 2023, según una estimación incluida en un estudio internacional publicado en JAMA Psychiatry. El trabajo analizó la evolución de ambos trastornos de la conducta alimentaria en 204 países y territorios.

De acuerdo con la investigación, en el país había 140.101 personas con bulimia nerviosa y 38.327 con anorexia nerviosa en 2023. La prevalencia estimada fue de 366 casos cada 100.000 habitantes, frente a un promedio mundial de 225 casos por cada 100.000.

El estudio calculó que los casos de anorexia crecieron 64,9% y los de bulimia 80,5% durante el período analizado. Sin embargo, especialistas advirtieron que las cifras tienen un margen de incertidumbre porque la Argentina no cuenta con estadísticas nacionales representativas sobre diagnósticos y acceso a tratamientos.

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Consultas a edades más tempranas

Los especialistas consultados señalaron un aumento sostenido de la demanda de atención por trastornos alimentarios. También describieron la llegada a los consultorios de pacientes más jóvenes, incluidos niños y adolescentes de 11 y 12 años, mientras que el inicio suele ubicarse alrededor de los 15 años.

Gisela Vergara y Patricia Goddard, del Hospital Alemán, observaron además una mayor detección entre varones y un incremento de cuadros graves que pueden requerir internación. Según indicaron, algunos casos se presentan junto con depresión e intentos de suicidio.

Los profesionales explicaron que el aumento de las consultas puede responder tanto a una mayor presencia de los trastornos como a una detección más frecuente. La difusión de información entre familias y equipos de salud permite reconocer conductas que antes podían pasar inadvertidas, aunque no existen datos nacionales suficientes para establecer el peso de cada factor.

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La anorexia y la bulimia son enfermedades multifactoriales. De acuerdo con las especialistas citadas, pueden intervenir componentes genéticos, biológicos, psicológicos, familiares, sociales y culturales. La presión estética, las redes sociales y los ideales corporales pueden influir, pero no constituyen por sí solos una causa.

Entre las señales que pueden justificar una consulta se mencionan las restricciones rígidas, los ayunos, el ejercicio excesivo, el rechazo repentino de alimentos, las excusas reiteradas para evitar comidas compartidas, el aislamiento y la angustia ante la exposición corporal. Una conducta aislada no confirma un diagnóstico, pero su persistencia o combinación requiere atención profesional.

Los especialistas también advirtieron que la bulimia puede permanecer oculta durante meses o años y no siempre provoca una pérdida de peso evidente. Las consecuencias de estos trastornos pueden incluir desnutrición, alteraciones cardíacas y electrolíticas, problemas hormonales y óseos, ansiedad, depresión, autolesiones y riesgo suicida.

La investigación internacional solo incluyó anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. No contempló el trastorno por atracón, el trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta, la anorexia atípica ni otras formas de trastornos de la conducta alimentaria, por lo que la estimación de 178.203 personas no representa toda la carga sanitaria.

En la Argentina existen equipos capacitados, pero la oferta de atención especializada es desigual y se concentra principalmente en Buenos Aires, según los profesionales consultados. El abordaje puede incluir nutrición, psicoterapia, psiquiatría, atención clínica y acompañamiento familiar, además de hospital de día o internación en los casos que lo requieran.

Los costos, las dificultades de cobertura y la duración de los tratamientos pueden impedir que los pacientes sostengan la atención. Los especialistas remarcaron que la recuperación no termina con la normalización del peso, sino que también requiere trabajar sobre la ansiedad, la autoestima, los vínculos y la relación con la comida.

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