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EE.UU. acusa a Argentina y otros países de facilitar comercio chino


EE.UU. acusa a más de 40 países de facilitar el desvío comercial chino para eludir aranceles


La Casa Blanca denunció que China utiliza una amplia red internacional para redirigir exportaciones y reducir el impacto de los aranceles estadounidenses. Un informe oficial menciona a más de 40 países y calcula maniobras sobre al menos US$ 60.000 millones en comercio. La Argentina aparece en dos clasificaciones generales, aunque dentro del nivel de menor riesgo y sin que Washington describa un caso específico contra el país.

Infórmate en DiarioPampero.com – La Casa Blanca acusó a China de utilizar más de 40 países para redirigir exportaciones y reducir los aranceles aplicados por Estados Unidos. Un informe oficial calculó que estas operaciones abarcan unos US$ 60.000 millones. La Argentina figura en dos grupos generales: uno de bajo riesgo y otro vinculado con corredores de reexportación. Washington prepara más controles aduaneros y nuevas reglas para determinar el verdadero origen de las mercaderías.

El informe estadounidense sostiene que el uso de terceros mercados para modificar el origen aparente de las mercaderías permite que productos vinculados con China ingresen a Estados Unidos bajo tasas inferiores. La Casa Blanca afirma que esta práctica se expandió a medida que crecieron las diferencias entre los aranceles aplicados a distintas economías y anticipa controles más exigentes para determinar dónde fueron fabricados realmente los bienes importados.

La Casa Blanca elevó el tono de su disputa comercial con Beijing mediante un informe que acusa a más de 40 países de intervenir, con distintos niveles de participación, en mecanismos que permitirían reducir ilegalmente el pago de aranceles estadounidenses. El documento fue presentado bajo el título “La gran estafa del transbordo” y coloca el foco sobre la redirección de mercaderías chinas a través de terceros mercados.

Según la administración estadounidense, el procedimiento consiste en enviar productos a países sometidos a derechos de importación menores que los establecidos para China. Posteriormente, esos bienes serían reexportados hacia Estados Unidos con una identificación de origen que permite acceder a un tratamiento arancelario más favorable.

La Casa Blanca estimó que esta operatoria alcanza alrededor de US$ 60.000 millones en comercio. Sin embargo, el propio documento admite que existen cálculos diferentes. Otros informes del gobierno estadounidense y análisis privados sitúan el volumen relacionado con estas prácticas en un rango que va desde US$ 40.000 millones hasta US$ 303.000 millones.

El reporte distribuye a los países mencionados en distintas categorías de acuerdo con el papel que, según Washington, podrían desempeñar dentro de esos circuitos comerciales. En esa clasificación aparecen economías de América, Europa y Asia, además de socios comerciales importantes de Estados Unidos como Canadá, México y Japón.

La Argentina es mencionada en dos apartados, aunque el documento no desarrolla una acusación individual ni presenta un caso específico atribuido al país. En primer lugar, la ubica dentro del grupo de menor riesgo, compuesto por economías que contarían con determinadas condiciones que podrían facilitar operaciones de transbordo.

Entre esas condiciones, el informe estadounidense menciona factores como menores costos laborales o controles aduaneros considerados insuficientes. La Argentina comparte esa categoría con otras 23 economías, entre ellas Chile, Colombia, Perú, Costa Rica y Suiza.

Además, el país aparece entre las naciones que podrían funcionar como corredores de reexportación hacia los océanos Pacífico y Atlántico. En ese grupo también se encuentran Brasil, Chile, Colombia y Perú. La referencia vuelve a formar parte de una clasificación general y no está acompañada por la descripción de una operación argentina concreta.

Peter Navarro, responsable de la oficina de política comercial y manufacturera de la Casa Blanca que elaboró el informe, afirmó que China desarrolló mecanismos cada vez más complejos para redirigir sus exportaciones desde que Donald Trump impuso los primeros aranceles contra productos chinos en 2018.

La administración estadounidense sostiene que el problema continuó después de la aplicación de nuevos gravámenes a diversos países. Esas diferencias entre tasas, según la Casa Blanca, generaron incentivos para trasladar mercaderías a través de economías con condiciones arancelarias más favorables antes de enviarlas al mercado estadounidense.

Navarro aseguró que el mecanismo permitió durante años que productos chinos ingresaran a Estados Unidos mediante terceros países y sostuvo que esa práctica perjudicó tanto a la recaudación federal como a los trabajadores estadounidenses. La posición forma parte del argumento con el que la Casa Blanca justifica el endurecimiento de los controles sobre el origen de las importaciones.

Washington busca reforzar los controles de origen mientras mantiene abierta su disputa comercial con China

La publicación del informe se produce en un momento de persistentes diferencias entre Washington y Beijing. Aunque ambos gobiernos mantienen una tregua comercial, continúan las discusiones sobre exportaciones, aranceles, tecnología y medidas vinculadas con la seguridad nacional.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, señaló recientemente que él y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, plantearon sus preocupaciones al viceprimer ministro chino He Lifeng. El planteo se relacionó con el cumplimiento del compromiso de Beijing de no restringir las exportaciones de tierras raras hacia Estados Unidos.

China, a su vez, cuestiona nuevas disposiciones estadounidenses adoptadas bajo argumentos de seguridad nacional. Entre esas decisiones se encuentra la prohibición de la Comisión Federal de Comunicaciones sobre la importación de robots procedentes de China.

El escenario adquiere además relevancia diplomática porque la difusión del documento se produce semanas antes de la visita que se espera que Xi Jinping realice a Washington. El viaje sería recíproco luego de que Trump fuera recibido en Beijing en mayo.

En paralelo con las acusaciones, las autoridades estadounidenses comenzaron a incorporar nuevas herramientas para controlar las importaciones. Navarro explicó que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza está empezando a utilizar un sistema basado en inteligencia artificial denominado “Detective Border”.

La herramienta tiene como objetivo analizar con mayor precisión la composición de las mercaderías importadas y comprobar si su etiquetado refleja correctamente el origen que corresponde para fines arancelarios. La administración estadounidense espera que este tipo de controles reduzca las operaciones que considera irregulares.

Navarro sostuvo que el reforzamiento de la fiscalización podría aportar decenas de miles de millones de dólares adicionales al Tesoro estadounidense mediante recaudación arancelaria. También afirmó que la política favorecería la creación de empleos en Estados Unidos.

Por otra parte, Greer incorporó disposiciones contra el transbordo en varios de los acuerdos comerciales negociados desde la aplicación de los nuevos aranceles estadounidenses. Sin embargo, la oficina comercial todavía trabaja en la definición de las reglas de origen que permitirán establecer con mayor precisión dónde se fabrica cada producto.

Esas reglas son fundamentales para determinar qué arancel debe aplicarse cuando una mercadería atraviesa distintas etapas de producción o comercialización en varios países. Washington pretende evitar que el simple paso de un producto por un tercer mercado modifique artificialmente el tratamiento que debería recibir al ingresar a Estados Unidos.

Greer sostuvo que las ventajas incluidas en los acuerdos arancelarios deben beneficiar a los países que efectivamente los suscribieron con Washington. Desde esa perspectiva, la administración estadounidense considera que una reexportación destinada únicamente a obtener mejores condiciones comerciales constituye un aprovechamiento indebido de esos pactos.

El informe también advierte que la práctica podría extenderse más allá de China. Según Navarro, otros países sometidos a aranceles estadounidenses más elevados podrían intentar utilizar mecanismos similares para redirigir sus exportaciones y reducir el costo de ingreso al mercado norteamericano.

Entre las economías mencionadas en ese contexto aparecen India y Vietnam. Para la Casa Blanca, el aumento de las diferencias arancelarias entre países puede generar nuevos incentivos para modificar rutas comerciales, trasladar etapas de producción o utilizar terceros mercados antes de concretar una exportación hacia Estados Unidos.

La Argentina queda así incluida en un informe de alcance mucho más amplio, pero sin una acusación individual desarrollada. Su presencia se limita a categorías que reúnen a numerosos países y, en una de ellas, se encuentra dentro del nivel considerado de menor riesgo.

El documento muestra, en definitiva, que Washington pretende endurecer la vigilancia sobre las cadenas internacionales de suministro. El objetivo declarado es identificar con mayor precisión el origen real de las mercaderías, impedir la reducción artificial de los aranceles y preservar los beneficios negociados en sus acuerdos comerciales.

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Frase objetivo: transbordo chino para evadir aranceles de Estados Unidos

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