El taller municipal de teatro cerró el año con una presentación del poemario La venganza del cordero atado

El taller municipal de teatro de Eduardo Castex culminó su año con una puesta creada colectivamente a partir del poemario La venganza del cordero atado, guiada por Laura Acuña. La docente destacó la apertura del grupo, la fuerza del juego teatral, el intercambio con artistas de Santa Rosa y la construcción de vínculos que sostuvieron todo el proceso.
Una obra nacida del cruce entre poesía, improvisación y creación escénica marcó el cierre del taller municipal, donde el grupo, conducido por Laura Acuña, transitó un año de exploraciones colectivas que consolidaron su identidad artística y reafirmaron la importancia del teatro en la comunidad.
La sala Dardo Acosta volvió a convertirse en un punto de encuentro cultural en Eduardo Castex durante el cierre anual del taller municipal de teatro. El público presenció una puesta que tomó como base el poemario La venganza del cordero atado, del escritor y poeta César González, material que el grupo transformó en una obra coral a partir de la experimentación, la improvisación y la búsqueda de nuevas formas de decir en escena.
En entrevista con Diario Pampero, Laura Acuña repasó los meses de trabajo con el grupo. “Fue un año increíble, la verdad que fue espectacular”, afirmó. Parte de ese impacto estuvo dado por la historia del propio elenco: “La gran mayoría ya tiene un recorrido muy grande y de muchos años”, explicó. Ese bagaje, lejos de limitar las propuestas nuevas, abrió posibilidades. “Que sigan sumando nuevas formas de hacer teatro es increíble”, sostuvo, remarcando que su rol fue “proponer, desafiar y acompañar otras miradas de lo teatral”.

Un año marcado por el juego, la improvisación y la expansión del grupo
Acuña subrayó que trabajar con un grupo consolidado fue un estímulo personal y profesional: “Es desafiante y enriquecedor porque ellas ya tuvieron varios profesores, y que llegue alguien con otra mirada y puedan adaptarse habla de lo que son como grupo”. Para ella, esa capacidad de transformación fue determinante: “Van expandiéndose, eso es lo hermoso”.
Las clases comenzaron siempre desde el cuerpo: calentamientos, activación de articulaciones y dinámicas de desinhibición que abrían la puerta al juego teatral. “El juego es fundamental; trabajo muchísimo con improvisaciones”, señaló. Ese enfoque derivó en una iniciativa inédita para el taller: un match de improvisación que reunió al elenco castense con artistas de Santa Rosa. “Las chicas se adaptaron tan bien que dije: esto hay que aprovecharlo”, recordó. El intercambio incluyó dos instancias, una en Castex y otra en la sala donde Acuña trabaja en la capital pampeana. “Fue precioso; el intercambio es lo que permite expandirse”, destacó.
El grupo también participó de actividades culturales locales, como la intervención realizada por el Día de los Museos. “Los chicos fueron sin miedo a hacer, eso es lo hermoso del grupo”, indicó, valorando la disponibilidad permanente para involucrarse en propuestas comunitarias.

Hacia mediados de año, el taller sumó el trabajo textual. Allí tomó protagonismo el poemario de González, autor al que Acuña admira profundamente. “Es un libro que consulto mucho porque me parece muy precioso todo lo que escribe”, comentó. La elección respondió a un deseo artístico: “Quería proponer algo más profundo… algo que no fuera la comedia que ellas venían haciendo”. La docente buscaba desafiar al grupo y abrirles otras sensibilidades. “Ese fue el desafío, la propuesta, el entendimiento y lo colectivo”, resumió.
El proceso de creación de la obra se dio de manera orgánica. “Los textos se cruzaron y empezaron a generar diálogos”, explicó. A partir de ese cruce surgieron personajes, escenas y desplazamientos que dieron forma a la puesta final. “Se fue activando el cuerpo, cada una proponiendo, y eso terminó en esta obra”.
Acuña puso especial énfasis en el valor social del teatro. “Cuando somos grandes nos olvidamos de jugar”, reflexionó. El taller, dijo, permitió recuperar ese espacio lúdico que habilita vínculos, risas y complicidades. “El juego permite sociabilizar, escucharse, debatir, encontrarse… es jugar en serio”. Esa construcción afectiva fue una de las experiencias que más la movilizó: “Me llevo una sorpresa hermosa de la grupalidad y de las ganas de seguir aprendiendo”.
Hacia el cierre de la entrevista, la docente dejó una reflexión sobre el rol del teatro: “El teatro te habilita a ponerte en la piel de otras personas, y eso te hace un ser humano más empático y comprensivo”. También dejó un mensaje dirigido a la comunidad: “Anímense a hacer teatro; es un espacio de sensibilización y de encuentro”.
Finalmente, expresó su deseo para el próximo año: “Ojalá que se vuelva a repetir el taller y podamos seguir construyendo y presentando más cosas para la comunidad de Eduardo Castex”.
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