Cayetano Santos Godino: infancia, crímenes y encierro en la historia criminal argentina


Sé parte de nuestro canal de WhatsApp de Diario Pampero

Cayetano Santos Godino, conocido como el Petiso Orejudo, nació en Buenos Aires en 1896 y fue condenado por una serie de ataques contra niños cometidos durante su infancia y adolescencia. Su historia quedó atravesada por la violencia familiar, el abandono, una discapacidad intelectual severa y un prolongado encierro.

Infórmate en DiarioPampero.com – El caso generó conmoción a comienzos del siglo XX y, con el tiempo, también abrió preguntas sobre la respuesta de las instituciones, la violencia contra los menores y la construcción de una leyenda criminal.

El Petiso Orejudo nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires, en una familia de inmigrantes italianos marcada, según las reconstrucciones citadas, por la pobreza, el alcoholismo y los castigos físicos. Su padre, Fiore Godino, golpeaba a su esposa y a sus hijos, mientras que Cayetano también sufría agresiones de su hermano mayor.

Desde pequeño tuvo dificultades de salud y aprendizaje. Fue expulsado de distintas escuelas por su comportamiento y, de acuerdo con los relatos sobre su infancia, a los cinco años ya recorría solo las calles de Almagro y Parque Patricios. También se le atribuyeron agresiones contra animales, incendios y distintos episodios violentos que durante años no tuvieron consecuencias judiciales.

Sus primeros ataques contra niños comenzaron antes de que cumpliera ocho años. El 28 de septiembre de 1904 agredió a Miguel Depaola, de dos años, en un baldío, y meses después atacó a Ana Neri, de 18 meses. En ambos casos, la intervención de otras personas evitó que los episodios terminaran con la muerte de las víctimas.

Descargá la app de Radio Pampero

Una infancia atravesada por la violencia

El primer homicidio que se le atribuyó ocurrió el 29 de marzo de 1906. La víctima fue María Rosa Face, de tres años, a quien Godino habría llevado hasta una zanja con la excusa de jugar. Allí intentó estrangularla y luego la enterró mientras aún respiraba. La desaparición no fue vinculada en ese momento con los ataques anteriores y, cuando años después confesó el hecho, el lugar ya estaba ocupado por una construcción.

En septiembre de 1908 volvió a atacar a varios niños. Intentó ahogar a Severino González Caló, de dos años, en una pileta para caballos y, una semana más tarde, fue encontrado quemándole el párpado a Julio Botte, de 22 meses. El 6 de diciembre de ese año, su padre lo entregó a la Policía por su conducta agresiva y la Justicia ordenó su internación en la Colonia de Menores de Marcos Paz.

Godino permaneció allí hasta diciembre de 1911. Durante ese período aprendió a leer, escribir y realizar algunos oficios, aunque también existen relatos sobre agresiones sufridas por parte de otros internos. Tras recuperar la libertad, intentó trabajar en una fábrica, pero duró menos de un mes debido a sus ausencias, el consumo de alcohol y los conflictos con sus compañeros.

Sabores Buen Gusto

En enero de 1912 comenzó una nueva serie de episodios. Se le atribuyó el incendio de una bodega de la calle Corrientes y, posteriormente, otros seis incendios. El 26 de enero asesinó a Arturo Laurora, de 13 años, en una casa desocupada de la calle Pavón. En marzo prendió fuego el vestido de Reyna Bonita Vainicoff, una niña de cinco años que murió 16 días después en el Hospital de Niños.

Durante noviembre de ese año también intentó estrangular a Roberto Russo, de dos años, golpeó con una piedra a Carmen Ghittone, de tres, y atacó a Catalina Neutelier, de cinco. Según la reconstrucción del caso, sus agresiones presentaban características repetidas: elegía niños pequeños, los llevaba a sitios apartados y utilizaba piedras, sogas, fuego u otros elementos para atacarlos.

La detención se produjo después del crimen de Jesualdo Giordano, ocurrido el 3 de diciembre de 1912. El niño tenía tres años y Godino lo habría engañado con la promesa de comprarle caramelos antes de llevarlo a un terreno, donde lo estranguló y lo golpeó con un clavo oxidado. Luego asistió al velatorio, donde el padre de la víctima lo reconoció.

Durante la investigación confesó cuatro homicidios y varios ataques e incendios. Las pericias médicas realizadas durante el proceso señalaron que tenía una discapacidad intelectual severa. En 1914 fue declarado inimputable por su condición mental, aunque se ordenó su internación por tiempo indeterminado debido al peligro que, según la Justicia, representaba para la sociedad.

La imagen pública del Petiso Orejudo también quedó vinculada con las teorías criminológicas de comienzos del siglo XX. Bajo la influencia de las ideas de Cesare Lombroso, algunos especialistas consideraban que ciertos rasgos físicos podían revelar una supuesta tendencia innata al delito. En ese contexto, sus orejas prominentes fueron presentadas como una señal de degeneración criminal, una mirada propia de la época que contribuyó a consolidar el mito.

En 1923 fue trasladado a la cárcel de Ushuaia, donde permaneció durante sus últimos 21 años de vida. Antes había pasado por el pabellón de delincuentes alienados del Hospital de Mercedes y por la Penitenciaría Nacional. Según el escritor Adrián Caetano, cuya investigación sobre el caso fue realizada junto con el ilustrador Juan Giribaldi, el encierro continuó una vida marcada por el sufrimiento y la falta de vínculos afectivos.

Godino murió el 15 de noviembre de 1944, a los 48 años. La versión oficial atribuyó el fallecimiento a una hemorragia relacionada con una úlcera gastrointestinal, aunque también circuló la versión de que otros presos lo habían golpeado después de que matara a un gato del penal. Sus restos fueron enterrados cerca de la prisión, pero la tumba fue profanada y los huesos desaparecieron.

Para Caetano, la historia no puede ser abordada únicamente desde los crímenes. El escritor sostuvo que la violencia familiar, el abandono y la falta de cuidados forman parte de la reconstrucción de una vida en la que también hubo niños víctimas. Esa mirada no elimina la responsabilidad atribuida a Godino, pero busca apartarse de la figura monstruosa construida por los diarios y recuperar el contexto documentado de su infancia.

Con el paso del tiempo, el caso dejó los expedientes judiciales y se transformó en una de las leyendas criminales más conocidas de la Argentina. Los ataques cometidos durante su minoridad y la respuesta institucional frente a su conducta siguen vinculados con debates sobre la violencia infantil, el abandono y las condiciones que rodearon a sus víctimas y al propio acusado.

Te puede interesar…

STJ rechazó adopción de una familia de contención

STJ rechazó adopción de una familia de contención

El tribunal pampeano priorizó el Registro Único de Adoptantes La Sala A del Superior Tribunal de Justicia de La Pampa...

La Corte confirmó la inhabilitación de Oscar Martínez

La Corte confirmó la inhabilitación de Oscar Martínez

El jefe comunal de Loventuel deberá dejar el cargo durante dos meses La Corte Suprema de Justicia de la Nación...

Investigan presuntos maltratos a niños en Miguel Riglos

Investigan presuntos maltratos a niños en Miguel Riglos

El municipio apartó a personal del Centro de Desarrollo Infantil El intendente de Miguel Riglos, Lautaro Calzado, confirmó que el...

Hallaron muerto a un chofer en la Ruta 22

Hallaron muerto a un chofer en la Ruta 22

El hallazgo ocurrió cerca de Río Colorado, en el límite con La Pampa Un chofer fue encontrado sin vida dentro...