La Pampa inicia la séptima etapa del Índice de Vulnerabilidad Social e incorpora a Santa Isabel al mapa provincial

La Pampa puso en marcha la séptima etapa del Índice de Vulnerabilidad Social con 1700 encuestas en Santa Rosa, General Pico, Toay y la incorporación de Santa Isabel. La medición 2026 cubrirá las diez regiones de la Ley de Descentralización. El estudio permitirá actualizar datos sobre calidad de vida y ajustar políticas públicas y programas alimentarios según cada territorio provincial.
Con 1700 encuestas en marcha y la incorporación de Santa Isabel, el Gobierno provincial avanza en una medición que abarcará las diez regiones de descentralización y permitirá proyectar datos propios para redefinir políticas sociales, evaluar programas alimentarios y mejorar la distribución de fondos en todo el territorio pampeano.
Comenzó la séptima etapa del relevamiento del Índice de Vulnerabilidad Social (IVS) en la provincia de La Pampa, una herramienta que releva de manera periódica las condiciones de vida de la población y orienta la planificación de políticas públicas. Con la incorporación de Santa Isabel, la medición prevista para 2026 abarcará la totalidad de las diez regiones establecidas por la Ley de Descentralización, ampliando la representatividad territorial del estudio.
En esta primera fase, los equipos trabajan en Santa Rosa, General Pico, Toay y Santa Isabel, donde se realizarán aproximadamente 1700 encuestas. La subsecretaria de Planificación y Evaluación de Políticas Sociales, Laura Ramborger, explicó que en el caso de Santa Isabel se trata de la primera medición, lo que permitirá establecer una línea de base para comparaciones futuras.
La funcionaria indicó que la decisión de iniciar el operativo con cuatro de las doce localidades participantes responde a recomendaciones técnicas surgidas de un informe elaborado por la consultora de la Universidad Nacional de La Pampa. Según ese análisis, las variaciones semestrales en ciudades como Santa Rosa, Toay y General Pico son más marcadas que en localidades de menor tamaño, donde la población presenta mayor estabilidad y los resultados tienden a mantenerse constantes. Por ello, en estas últimas el relevamiento podrá realizarse con periodicidad anual.
Ramborger destacó que el trabajo es articulado entre diversas áreas del Gobierno provincial, entre ellas el Ministerio de Salud, a través de la Subsecretaría de Salud Comunitaria; el Ministerio de Conectividad y Modernización; los equipos municipales; y el Ministerio de Desarrollo Social y Derechos Humanos.
Cobertura total y nueva organización del operativo
Desde este año se implementó una metodología diferenciada: las tres ciudades más grandes de la provincia serán medidas en febrero y agosto, mientras que el resto de las localidades —incluida Santa Isabel— serán relevadas entre julio y agosto, en el marco del octavo operativo.
Con la incorporación de Santa Isabel, todas las regiones de descentralización quedan representadas dentro del índice. Esto permitirá proyectar resultados hacia las demás localidades que integran cada región y fortalecer la base estadística propia de la provincia. Completar las diez regiones era un objetivo central, ya que los datos del IVS se incorporan al índice de coparticipación social, que determina la distribución de fondos destinados a programas de descentralización vinculados con economía social, desarrollo productivo y participación comunitaria.
La actualización periódica del IVS cumple un rol central en la evaluación de la calidad de vida de la población pampeana. Ramborger recordó que buena parte de la información estadística disponible a nivel nacional se concentra en el aglomerado Santa Rosa-Toay, medido por la Encuesta Permanente de Hogares. Contar con un relevamiento propio, extendido a distintas regiones, permite disponer de datos originados en cada territorio y evitar extrapolaciones que no reflejen las diferencias existentes dentro de la provincia.
El índice también resulta fundamental para analizar el alcance de los programas alimentarios. Si bien el IVS arroja un valor numérico, su utilidad radica en el análisis interno que se realiza a partir de esa información. Permite identificar la distancia entre las políticas implementadas y las necesidades reales de los hogares, considerando sus características, conformaciones familiares y estrategias de subsistencia.
Asimismo, posibilita evaluar la cobertura de programas municipales, provinciales y nacionales, y determinar si los recursos llegan de manera adecuada a quienes los requieren. A partir de esos datos, se revisan y ajustan las políticas públicas en función de la realidad detectada.
Como ejemplo de este proceso, Ramborger mencionó la reformulación del RAFE, el Refuerzo Alimentario Focalizado Extraordinario, diseñado para dar respuesta a las necesidades alimentarias de las familias según la información relevada sobre su composición y los aportes estatales que reciben. El objetivo, sostuvo, es optimizar la asignación de recursos y garantizar que la asistencia llegue donde se necesita, con criterios de eficiencia y equidad territorial.
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