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La sorprendente dieta de la niña inca sacrificada en el volcán Quehuar

La sorprendente dieta de la niña inca sacrificada en el volcán Quehuar

Una nueva investigación realizada por científicos de Argentina y Francia ha revelado detalles sorprendentes sobre la dieta de una niña inca sacrificada hace más de 500 años en el volcán Quehuar, en la provincia de Salta, Argentina. Los restos de esta niña, descubiertos en 1975 a más de 6.100 metros de altura, ofrecen una valiosa oportunidad para estudiar las prácticas rituales del Imperio Inca y sus sofisticadas técnicas de preparación para el sacrificio humano.


El estudio, que será publicado en la próxima edición del Journal of Archaeological Science Reports, se centró en analizar los restos de la denominada «niña del Quehuar» mediante técnicas avanzadas de análisis isotópico. Los resultados arrojaron que la joven consumía algas marinas, un alimento inusual en su entorno de alta montaña, lo que sugiere que estos productos eran transportados desde la costa a través del Qhapaq Ñan, la extensa red de caminos del imperio.

Alimentación y sacrificios rituales

La investigación muestra que la dieta de la niña fue alterada en los meses previos a su muerte, incorporando alimentos reservados para las élites incas, como el maíz. Esta modificación, junto con el consumo de algas, subraya la importancia ritual del sacrificio conocido como Capacocha, una ceremonia religiosa en la que los incas ofrecían niños a los dioses para asegurar la protección divina y la prosperidad del imperio. El hallazgo de productos costeros como las algas en la dieta de la niña, en un sitio tan alejado de la costa, evidencia la habilidad de los incas para transportar bienes a grandes distancias y su profunda conexión entre lo espiritual y lo material.

El hallazgo en el Quehuar

La momia de la niña fue descubierta por el explorador Antonio Beorchia Nigris en 1975, en una estructura ceremonial cercana a la cima del volcán Quehuar. A pesar de los intentos de saqueadores por extraer los restos con dinamita, se logró recuperar partes del cuerpo y otros artefactos asociados. Este descubrimiento impulsó numerosas investigaciones sobre los sacrificios incas en alturas extremas y las creencias religiosas que los sustentaban.

Además, el análisis isotópico reveló que la niña no realizó grandes desplazamientos antes de su sacrificio, lo que coincide con la costumbre de llevar a los niños directamente a los sitios de ofrenda después de ser seleccionados para los rituales.

Conexión entre el mundo terrenal y espiritual

Este nuevo estudio aporta información crucial sobre las prácticas rituales del Imperio Inca y su intrincada relación con el entorno. Los sacrificios humanos, como el de la niña del Quehuar, eran un medio para mantener el equilibrio cósmico y garantizar la fertilidad de las tierras, una creencia que reflejaba la íntima conexión entre lo terrenal y lo divino en la cosmovisión andina.

El legado de los incas sigue fascinando a la comunidad científica, y este estudio sobre la dieta de una niña sacrificada ofrece una ventana única al pasado, ayudando a entender cómo las sociedades precolombinas enfrentaban los desafíos de su entorno y cómo sus creencias influyeron en su vida cotidiana.

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