Nomofobia: el miedo a estar sin celular ya afecta la salud mental y física de jóvenes y adultos

La nomofobia avanza en silencio, generando insomnio, ansiedad y malestar físico. Especialistas recomiendan limitar el uso del celular, reducir notificaciones y establecer momentos de desconexión. En menores, aconsejan restringir el acceso a dispositivos hasta los 12 años. Padres y usuarios deben asumir un rol activo en la prevención.
Ansiedad, insomnio y baja autoestima son algunas de las consecuencias del uso compulsivo del teléfono móvil. Conocé las señales de alerta y las recomendaciones para recuperar el control sobre la tecnología.
Adicción silenciosa: síntomas cada vez más comunes en el uso diario del celular
La dependencia al celular se ha instalado como una problemática cotidiana que excede la simple costumbre: se convierte en una fuente constante de ansiedad. Este fenómeno, conocido como nomofobia —la angustia que genera no tener el dispositivo cerca o quedarse sin conexión—, impacta tanto en la salud mental como en el bienestar físico. Especialistas advierten que esta conducta, cada vez más extendida, afecta en particular a adolescentes, aunque también alcanza a adultos.
El doctor Juan Simón Zelaya Conti, jefe del Departamento de Adicciones de la Dirección General de Salud Mental de Tucumán, señala que los síntomas de la nomofobia son diversos: insomnio, angustia, palpitaciones, sudoración y hasta dolor de pecho. “La falta de respuesta inmediata en redes o mensajería produce ansiedad. Es común escuchar expresiones como ‘me dejaron en visto’ y notar el malestar emocional que esto genera”, explicó.
La conexión permanente, impulsada por notificaciones constantes, configura un patrón de dependencia. A largo plazo, esa necesidad de validación y actualización permanente disminuye la autoestima, afecta la concentración y genera inseguridad. Para interrumpir este ciclo, el profesional recomienda establecer límites concretos en el uso del celular: restringir el tiempo de pantalla, apagar el dispositivo por la noche y eliminar aplicaciones innecesarias.
Además, aconseja retomar hábitos que promuevan la desconexión: realizar caminatas sin el teléfono, evitar usarlo como despertador y fomentar actividades recreativas alejadas de las pantallas. En el caso de los niños, sugiere postergar el acceso a smartphones hasta después de los 12 años, para evitar la hiperconectividad y sus efectos sobre la atención.
La nomofobia es parte de una tendencia creciente en los consumos problemáticos vinculados a la tecnología. Frente a este escenario, la prevención y la educación digital son fundamentales para frenar una adicción que, aunque silenciosa, ya condiciona la vida diaria de millones de personas.
