Nueva pirámide alimentaria: Estados Unidos propone más comida real y alerta por los riesgos de ultraprocesados

Las Guías Alimentarias 2025–2030 de Estados Unidos instan a priorizar alimentos frescos y reducir al mínimo los ultraprocesados. El documento advierte que no existe un nivel seguro de consumo sostenido de estos productos y vincula su exceso con obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular. En Argentina, seis de cada diez adultos tienen sobrepeso u obesidad y las enfermedades circulatorias causan el 30,3% de las muertes.
Las nuevas Guías Alimentarias 2025–2030 de Estados Unidos reavivan el debate global sobre qué comer para prevenir obesidad y enfermedades cardiovasculares, con un mensaje directo: priorizar alimentos reales, limitar ultraprocesados y reforzar la educación nutricional en todas las etapas de la vida.
Las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030, publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, volvieron a colocar la alimentación en el centro del debate sanitario. El documento propone “volver a la comida real”, con base en la evidencia científica que recomienda reducir de manera drástica la ingesta de productos ultraprocesados, ricos en azúcares añadidos, sodio, grasas de baja calidad y aditivos.
El texto fue elaborado bajo el liderazgo del actual secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y plantea una dieta fundamentada en alimentos integrales y proteínas de calidad, junto con la disminución de comidas altamente procesadas.
La advertencia llega en un contexto preocupante. En Estados Unidos, más del 70% de los adultos presenta sobrepeso u obesidad y casi un tercio de los adolescentes de entre 12 y 17 años tiene prediabetes. En Argentina, la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo indica que el 61,6% de los mayores de 18 años tiene sobrepeso u obesidad; solo el 6% consume frutas y verduras en la cantidad recomendada; el 34% es hipertenso y el 22,2% fuma.
De acuerdo con el World Obesity Federation, a través del informe World Obesity Atlas 2025, el 39% de los adultos en Argentina vive con obesidad. El Ministerio de Salud argentino informó además que el 20,4% de niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta esta condición.
La obesidad es considerada una enfermedad crónica, multifactorial y progresiva. Se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, dislipidemia y enfermedad hepática grasa asociada al metabolismo. También impacta en la calidad de vida y el bienestar emocional, en un escenario donde persisten estigmas sociales que agravan la situación de quienes la padecen.
En la Ciudad de Buenos Aires, las comorbilidades más frecuentes vinculadas al exceso de peso son hipertensión arterial (36,5%), diabetes mellitus (13,5%), dislipidemia (14,9%) y enfermedad hepática o hígado graso (22,3%).
El doctor Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas José de San Martín, explicó que la relación entre obesidad y sueño es bidireccional. La falta de descanso altera genes vinculados al apetito y modifica hormonas que regulan hambre y saciedad, favoreciendo conductas alimentarias de riesgo. A su vez, los trastornos del sueño son frecuentes en personas con obesidad y empeoran el estado general de salud.
Las estadísticas de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) correspondientes a 2024 muestran que las enfermedades del sistema circulatorio causaron 105.130 muertes en Argentina, el 30,3% del total de fallecimientos por causa conocida.
Según datos publicados en ScienceDirect, alrededor del 70% de las personas con apneas del sueño tiene sobrepeso; más de la mitad de quienes viven con obesidad padece este trastorno y, en candidatos a cirugía bariátrica, la prevalencia supera el 85%.
Doce recomendaciones para reordenar la alimentación
Las nuevas guías organizan sus propuestas en seis grandes grupos y desarrollan 12 recomendaciones principales:
- Proteínas de alta calidad: se recomienda una ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso por día, ajustada a necesidades individuales. Incluir carnes magras, aves, pescados, huevos, lácteos, legumbres, tofu, frutos secos y semillas. Evitar frituras, embutidos, productos con azúcares o almidones añadidos y carnes procesadas. Priorizar horno, plancha o vapor.
- Lácteos enteros sin azúcar: fuente de proteínas, grasas saludables, calcio y vitaminas. Se promueve leche, yogur y quesos sin azúcar agregada, con tres porciones diarias en una dieta de 2.000 calorías.
- Frutas y verduras: al menos tres porciones de vegetales y dos de frutas al día, preferentemente enteras y con mínimo procesamiento. El jugo 100% natural debe limitarse o diluirse. Enlatados o congelados, solo sin azúcares ni sodio añadido.
- Granos integrales: entre dos y cuatro porciones diarias, reemplazando harinas refinadas por versiones integrales. Benefician la microbiota intestinal y estabilizan la glucemia.
- Grasas saludables: priorizar aceite de oliva extra virgen, palta, nueces, semillas, pescados grasos y grasas animales naturales en cantidades moderadas. No superar el 10% de calorías diarias de grasas saturadas y evitar grasas trans y aceites refinados.
- Reducción de ultraprocesados: no existe un nivel seguro de consumo sostenido. Limitar chips, golosinas, bebidas azucaradas, productos light con aditivos. Leer etiquetas para detectar azúcares ocultos.
- Hidratación: el agua como fuente principal. Evitar gaseosas, energizantes y jugos industriales.
- Sodio: no más de 2.300 mg diarios en mayores de 14 años. Reducir sal de mesa y productos con alto contenido de sodio.
- Alcohol: disminuir su consumo y abstinencia en embarazadas, personas con antecedentes de adicción o bajo tratamiento médico.
- Salud digestiva y microbiota: incluir alimentos fermentados como yogur, kéfir, miso, kimchi o chucrut, junto con fibra suficiente.
- Educación alimentaria en niños: promover alimentos reales desde la infancia e involucrar a niños y adolescentes en la preparación de comidas.
- Consideraciones especiales: adaptar pautas para enfermedades crónicas, vegetarianos, veganos, adultos mayores, embarazadas y lactantes, evitando deficiencias nutricionales.
El mensaje transversal del documento es claro: más alimentos frescos, menos productos industriales y mayor educación nutricional como herramienta de prevención frente a la obesidad y las enfermedades cardiovasculares.
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