El apartheid fue un sistema de segregación racial institucionalizada y opresión política que existió en Sudáfrica desde 1948 hasta principios de la década de 1990. Fue establecido por el gobierno dominado por la minoría blanca y se basaba en la creencia de la supremacía racial de los afrikáners, descendientes de los colonos holandeses y británicos.

Bajo el apartheid, se implementaron leyes y políticas que discriminaban y segregaban a las personas según su raza. Se establecieron diferentes categorías raciales, como blancos, negros, mestizos y asiáticos, y se les asignaron derechos y privilegios diferentes según su clasificación racial. Los negros, en particular, fueron sometidos a restricciones severas en cuanto a dónde podían vivir, trabajar, recibir educación y moverse libremente. Sin embargo, a partir de la década de 1950, hubo una creciente resistencia interna y presión internacional para poner fin al apartheid. El movimiento anti-apartheid ganó impulso y protagonismo en Sudáfrica, liderado por figuras emblemáticas como Nelson Mandela, Walter Sisulu, Oliver Tambo, Steve Biko y muchos otros.
La derogación del apartheid comenzó a principios de la década de 1990 con el gobierno del presidente sudafricano Frederik de Klerk. En 1990, de Klerk liberó a Nelson Mandela, quien había estado encarcelado durante 27 años por su lucha contra el apartheid. Esto marcó un hito importante en el proceso de desmantelamiento del sistema. Se llevaron a cabo negociaciones entre el gobierno sudafricano y los líderes del Congreso Nacional Africano (ANC), el principal partido político de la oposición, para encontrar una solución pacífica y establecer un gobierno democrático. Estas negociaciones culminaron en las elecciones generales de 1994, las primeras elecciones multirraciales y democráticas en Sudáfrica.
El ANC, liderado por Nelson Mandela, ganó las elecciones y se formó un gobierno de unidad nacional. La nueva Constitución sudafricana, adoptada en 1996, garantizó la igualdad de derechos y protecciones para todas las personas, sin importar su raza. Se pusieron en marcha programas de reconciliación y justicia transicional para abordar los abusos cometidos durante el apartheid y construir una sociedad más inclusiva.
La derogación del apartheid marcó un hito histórico en la lucha por la igualdad racial y los derechos humanos. Sudáfrica pasó de ser un país dividido por barreras raciales y segregación a convertirse en una nación democrática y multicultural. Aunque el proceso de reconciliación y superación de las desigualdades del pasado ha sido desafiante, Sudáfrica ha seguido avanzando hacia la construcción de una sociedad más justa y equitativa.
