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Un pato fue denunciado por agresiones en Mendoza

Un pato fue denunciado por agresiones en Mendoza y la polémica divide a toda una comunidad

Un pato que vivía con su dueña en el centro de Mendoza fue denunciado por agredir a otras mascotas. La Municipalidad ordenó su retiro, pero más de 7.000 personas pidieron su regreso. La causa llegó a la Justicia con un recurso para revertir la medida. El pato, llamado Juan, permanece en un corral y no logra adaptarse al encierro. Se aguarda una decisión oficial.

Más de 7.000 personas apoyan a “Juan”, un pato conocido del centro mendocino que fue apartado por orden municipal tras denuncias de agresión a otras mascotas. La dueña del ave impulsa su regreso, con respaldo legal y una campaña que enfrenta al afecto vecinal con las normas urbanas.

Una mascota atípica en medio del microcentro

En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza, un pato doméstico ha desatado una controversia que trasciende lo insólito. Conocido como Juan, el animal solía pasear libremente por la vereda de una florería sobre la avenida San Martín, donde compartía las jornadas con su dueña, Margarita Flores. A lo largo del tiempo, Juan se convirtió en un personaje familiar para vecinos y turistas, quienes lo saludaban o se sacaban fotos con él. Pero una denuncia por comportamientos agresivos hacia otras mascotas cambió el panorama.

La Municipalidad de Mendoza resolvió ordenar su retiro del espacio público, argumentando que el pato había tenido actitudes hostiles hacia animales que pasaban por la zona. La medida generó una rápida reacción de apoyo a Juan. En pocos días, una campaña de firmas superó las 7.000 adhesiones, con pedidos de vecinos y visitantes para que el ave vuelva a su rutina en el microcentro.

Silvina López, secretaria de Ambiente local, explicó que la decisión busca preservar la seguridad de los transeúntes, promover la tenencia responsable y resguardar el bienestar del propio pato, dado el entorno urbano transitado donde solía estar. Desde entonces, Juan vive en un corral en Maipú, donde la florista reside con su familia. Sin embargo, según relató, el pato no se adapta al encierro: corre, grazna y muestra signos de ansiedad por no poder circular libremente.

“No entiendo por qué lo denunciaron, nunca antes hubo un problema”, expresó Margarita. Relató que incluso el ave reaccionaba ante ruidos sospechosos por la noche, como si fuera un centinela. La mujer también aseguró haber sido advertida por inspectores de que, si no cumplía con la orden de traslado, la multa podría alcanzar el millón y medio de pesos.

En respuesta, el abogado penalista Oscar Alfredo Mellado, especialista en derechos animales, presentó un recurso legal para revisar la decisión. El objetivo es permitir el regreso del pato al entorno donde se crió, aunque no sea estrictamente su hábitat natural. De no prosperar esta solicitud en los próximos días, la medida municipal quedará firme y Juan no podrá regresar a su antigua rutina.

Mientras se espera una resolución, el caso reabre el debate sobre los límites entre lo normativo y lo afectivo en los espacios públicos urbanos.

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