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Las infecciones de transmisión sexual aumentan en Europa


Las infecciones de transmisión sexual aumentan en Europa y obligan a reforzar las pruebas y combatir el estigma social


Europa enfrenta un aumento sostenido de gonorrea y sífilis tras la pandemia, con foco en distintos países y preocupante avance de la sífilis congénita. El ECDC reclama más vigilancia y pruebas, mientras expertos advierten sobre el descenso del uso de preservativos, la resistencia a los antibióticos y el estigma que aleja a grupos vulnerables del diagnóstico y tratamiento adecuados en toda Europa.

Infórmate en DiarioPampero.com – Las infecciones de transmisión sexual aumentaron con fuerza en Europa tras la pandemia. La gonorrea y la sífilis muestran los mayores avances, mientras la clamidia mantiene niveles de 2015. El ECDC advierte que el fenómeno refleja una transmisión real y reclama más vigilancia, pruebas y prevención, junto con políticas que reduzcan el estigma y mejoren el acceso al diagnóstico y tratamiento. El repunte también amenaza con agravar la resistencia a los antibióticos.

Controlar la tasa de infecciones de transmisión sexual (ITS) representa un desafío para los sistemas sanitarios europeos. Una parte importante de las personas infectadas no presenta síntomas, mientras que las estrategias de detección todavía muestran deficiencias en numerosos países. A esto se suma la dificultad de conocer con precisión determinadas conductas de riesgo, debido a que la actividad sexual pertenece, naturalmente, al ámbito privado.

A pesar de esas dificultades, las autoridades sanitarias han registrado durante los últimos años un aumento marcado de varias ITS en Europa. El crecimiento se hizo especialmente visible después de la pandemia de COVID-19, cuando las cifras comenzaron a elevarse con rapidez tras la caída registrada durante los años de restricciones.

Las tasas de varias infecciones aumentaron de manera pronunciada durante la última década, aunque descendieron temporalmente durante la pandemia. Ese retroceso pudo estar relacionado tanto con una vigilancia epidemiológica menos intensa como con una menor frecuencia de relaciones sexuales casuales. Sin embargo, después de 2021, los registros volvieron a crecer con fuerza.

En mayo, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) informó que durante 2024, el último año con datos consolidados, Europa registró aproximadamente 100.000 casos de gonorrea. La cifra representa más del triple de los casos contabilizados en 2015. La sífilis también experimentó un fuerte crecimiento y superó los 46.000 casos, más del doble que una década atrás.

La clamidia constituye una excepción dentro de este panorama. Es la ITS más frecuente, pero después de alcanzar su máximo en 2022, su prevalencia regresó a niveles similares a los registrados en 2015.

El ECDC considera que el aumento no puede atribuirse únicamente a una mayor cantidad de pruebas. Según la evaluación del organismo, existe evidencia de una transmisión real de las infecciones. La doctora Stela Bivol, directora de la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud para las ITS, sostiene que el incremento continúa produciéndose incluso después de la recuperación de los servicios sanitarios.

El doctor Andrew Winter, especialista en ITS de Glasgow, considera que el repunte inmediatamente posterior a la pandemia pudo estar relacionado parcialmente con la reapertura de los centros de pruebas y la recuperación de la actividad sanitaria. Sin embargo, ese factor no alcanza para explicar el crecimiento que se mantuvo durante los años siguientes.

Las causas del fenómeno no están completamente determinadas. Una de las explicaciones apuntadas relaciona el aumento con determinados cambios en las prácticas sexuales, aunque la evidencia disponible no permite establecer una relación directa con un único factor.

Entre las hipótesis aparece el uso de aplicaciones de citas. Algunos especialistas sostienen que estas plataformas podrían facilitar relaciones con múltiples parejas sexuales. Sin embargo, los estudios disponibles muestran una relación más compleja: quienes buscan tener múltiples parejas también presentan una mayor tendencia a utilizar aplicaciones como Tinder. Por ese motivo, no está claro que las plataformas sean la causa del aumento de las ITS.

El doctor Henry de Vries, especialista de los Países Bajos, advierte sobre la necesidad de mantener cautela con esa explicación. Las aplicaciones de citas existían antes de que comenzara el fuerte incremento de las infecciones, por lo que su expansión no permite explicar por sí sola la evolución de las estadísticas.

Otra posible explicación está relacionada con el uso de preservativos. La doctora Bivol señala que su utilización podría haber disminuido, aunque los datos disponibles tampoco permiten establecer una conclusión definitiva para toda la población adulta.

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud que incluyó a casi 250.000 jóvenes de 15 años de toda Europa entre 2014 y 2022 detectó una disminución importante en el uso declarado de preservativos. Sin embargo, ese grupo etario representa solamente una parte de la población expuesta y existen pocos datos comparables sobre los cambios en el uso de preservativos entre personas de 20 años o más, que concentran la mayoría de los casos de ITS.

También se ha planteado una relación entre el aumento de las infecciones y la utilización de la profilaxis preexposición, conocida como PrEP, una medicación destinada a prevenir la infección por VIH. Una hipótesis sostiene que algunas personas que utilizan PrEP podrían prescindir con mayor frecuencia del preservativo al sentirse protegidas frente al VIH.

Esta posibilidad fue respaldada parcialmente por un estudio realizado entre 2015 y 2019 en una clínica británica de salud sexual por Louis MacGregor, de la Universidad de Bristol, y otros investigadores. El trabajo, sin embargo, presentaba una limitación: las personas que recibían PrEP estaban sobrerrepresentadas, ya que deben someterse regularmente a pruebas para detectar ITS.

El aumento alcanza a distintos grupos y expone fallas en la vigilancia sanitaria

Más allá de las causas, las consecuencias del aumento son motivo de preocupación. Las ITS suelen ser tratables cuando se detectan y atienden de manera adecuada, pero algunas pueden provocar daños graves si permanecen sin diagnóstico durante períodos prolongados.

La clamidia y la gonorrea pueden ocasionar infecciones testiculares en los hombres y problemas de fertilidad en las mujeres. La sífilis, por su parte, puede resultar mortal cuando no se trata.

Uno de los fenómenos que más preocupa al ECDC es el crecimiento de la sífilis congénita, que se transmite de la madre al hijo durante el embarazo. Aunque continúa siendo una infección poco frecuente, sus consecuencias pueden ser extremadamente graves y, en determinados casos, resultar fatales.

Entre 2023 y 2024, los casos de sífilis congénita se duplicaron y llegaron a 140. Bulgaria, Portugal y Hungría registraron focos de contagio. La evolución demuestra que el problema no se limita a determinadas prácticas sexuales ni a un único grupo de población.

Los datos también muestran que los hombres jóvenes no son necesariamente el grupo responsable del aumento general. Entre 2023 y 2024, las tasas de gonorrea disminuyeron entre los hombres de 15 a 24 años, mientras aumentaron entre los grupos de mayor edad. En el conjunto de los hombres, la gonorrea creció un 8%.

Entre las mujeres, los casos de gonorrea descendieron, aunque continuaron por encima de los niveles registrados antes de la pandemia. La sífilis, en cambio, aumentó un 15%. El mayor crecimiento se produjo entre las personas de 20 a 34 años.

El aumento tampoco se concentra exclusivamente entre hombres que tienen sexo con hombres. Desde la pandemia, las tasas de sífilis y gonorrea también aumentaron de manera pronunciada entre hombres y mujeres heterosexuales.

En términos geográficos, el fenómeno se extiende por buena parte del continente. Algunos de los incrementos más pronunciados de gonorrea entre 2023 y 2024 se registraron en Bulgaria, Francia e Italia. Bélgica y Hungría experimentaron fuertes aumentos de sífilis, mientras que ambas infecciones crecieron con rapidez en Lituania y Malta.

La calidad de los datos, sin embargo, varía considerablemente entre los países. Algunas naciones con menores recursos sanitarios presentan cifras que podrían resultar artificialmente bajas debido a una vigilancia epidemiológica insuficiente.

Rumania constituye un ejemplo. Con una población cercana a los 19 millones de habitantes, registró solamente 24 casos de clamidia durante 2024. La cifra resulta llamativamente baja e incluso inferior a la cantidad de casos de sífilis informados ese mismo año, lo que plantea dudas sobre la capacidad de detección y notificación.

La falta de información genera además un problema adicional. Cuando los registros no reflejan adecuadamente la cantidad de infecciones, resulta más difícil justificar la adquisición de equipos de diagnóstico y destinar recursos a los programas de prevención. Al mismo tiempo, una baja percepción del riesgo puede reducir la disposición de la población a realizarse controles.

El ECDC considera necesario mejorar el seguimiento de las ITS e incorporar información que permita conocer qué proporción de los grupos vulnerables accede a las pruebas en cada país. Actualmente, solamente un tercio de los países europeos proporciona este tipo de datos.

La doctora Otilia Mardh, epidemióloga del ECDC, también considera que conocer las vías de transmisión, incluyendo si las infecciones se producen mediante contactos homosexuales o heterosexuales, puede contribuir a diseñar respuestas sanitarias más ajustadas a la realidad de cada población.

El problema no termina con la detección. Los países que cuentan con programas de pruebas más extendidos enfrentan otro desafío: el tratamiento de las infecciones mediante antibióticos puede favorecer la aparición de resistencia.

La gonorrea ya desarrolló cepas con niveles elevados de resistencia a los antibióticos, lo que limita las opciones disponibles para combatirla. La clamidia y la sífilis todavía no presentan el mismo nivel de resistencia, pero el uso de antibióticos en estos casos también requiere evaluar cuidadosamente los beneficios frente a los posibles efectos a largo plazo.

Los Países Bajos modificaron recientemente su política frente a la clamidia y dejaron de recomendar las pruebas de detección sistemática en personas asintomáticas. La decisión se produjo después de que investigaciones indicaran que las infecciones asintomáticas tenían menos probabilidades de provocar daños en la fertilidad de lo que se había estimado anteriormente.

La sífilis plantea una situación diferente. En este caso, los especialistas consideran que los recursos disponibles pueden utilizarse de una manera más eficiente mediante controles dirigidos a quienes presentan mayor riesgo.

La sífilis congénita, además, puede prevenirse mediante un diagnóstico oportuno durante el embarazo. La mayoría de los países de la Unión Europea realiza pruebas de sífilis durante el primer trimestre de gestación, pero menos de la mitad mantiene los controles recomendados para mujeres con mayor riesgo durante el tercer trimestre o en el momento del parto.

Otro obstáculo para reducir las ITS es el estigma que todavía afecta a algunos de los grupos con mayor exposición. Entre ellos se encuentran los hombres que tienen sexo con hombres, los migrantes y los trabajadores sexuales.

En determinadas zonas de Europa central y oriental, las nuevas infecciones por VIH continúan aumentando incluso cuando disminuyen en otras regiones del mundo. La discriminación y el temor al rechazo pueden hacer que algunas personas eviten buscar pruebas o tratamiento.

La doctora Bivol advierte que ese mismo mecanismo puede extenderse a otras ITS. Cuando una enfermedad está asociada con prejuicios sociales, las personas pueden retrasar la consulta, ocultar posibles síntomas o directamente evitar los controles preventivos.

Sin embargo, el crecimiento de los casos también puede generar una reacción de las autoridades sanitarias. Hungría ofrece un ejemplo. El aumento de los registros de sífilis congénita, que pasaron de tres casos en 2020 a 91 en 2024, llevó a implementar un sistema de cribado mucho más riguroso. Parte del incremento registrado estuvo relacionado precisamente con la ampliación de las pruebas.

La doctora Mardh también destaca los resultados de una investigación reciente en la que participó y que detectó una disminución de los casos notificados de clamidia en siete países entre 2023 y 2024.

El estudio concluyó que el fuerte crecimiento previo de la gonorrea había impulsado campañas de salud pública orientadas a promover prácticas sexuales más seguras. De esta manera, el aumento de las infecciones puede terminar generando una mayor conciencia sobre los riesgos y estimular medidas de prevención.

La experiencia europea muestra así que contener las ITS requiere algo más que ampliar el número de análisis. También resulta necesario conocer dónde se concentran los contagios, mejorar los sistemas de vigilancia, garantizar el acceso a las pruebas y orientar los recursos hacia las personas con mayor riesgo.

Al mismo tiempo, la prevención debe evitar que el estigma se convierta en una barrera para la atención sanitaria. Una respuesta eficaz necesita combinar información, diagnóstico temprano, tratamiento adecuado y campañas que permitan reducir la transmisión sin reforzar la discriminación.

La evolución de la gonorrea, la sífilis y la sífilis congénita demuestra que el problema continúa después de la pandemia y que las diferencias entre países no solo reflejan la cantidad real de infecciones, sino también la capacidad de cada sistema para detectarlas.

Para las autoridades europeas, el desafío consiste ahora en transformar el aumento de los casos en una oportunidad para reforzar la prevención, mejorar la vigilancia y facilitar el acceso al diagnóstico. La evidencia disponible indica que cuando las cifras aumentan y la sociedad toma conciencia del riesgo, las campañas de salud pública pueden modificar conductas y contribuir a reducir la transmisión.

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