Las abejas bajo amenaza: por qué el 20 de mayo se convirtió en un llamado urgente a su protección mundial

El Día Mundial de las Abejas, celebrado cada 20 de mayo, busca generar conciencia sobre la importancia de estos insectos en la biodiversidad y la producción de alimentos. La ONU instauró la fecha en homenaje a un pionero de la apicultura, y organizaciones advierten sobre el impacto de su desaparición. La miel, además, es un recurso económico y terapéutico clave.
Cada 20 de mayo, el mundo vuelve la mirada hacia uno de los pilares invisibles de la seguridad alimentaria: las abejas. Esta fecha invita a reflexionar sobre los peligros que enfrentan los polinizadores por el uso de pesticidas, la pérdida de hábitat y el cambio climático, y sobre cómo su desaparición pondría en riesgo la biodiversidad y la producción agrícola global.
Una conmemoración para crear conciencia sobre un problema global
Establecido en 2018 por la Organización de las Naciones Unidas, el Día Mundial de las Abejas se celebra cada 20 de mayo en homenaje al natalicio de Anton Janša, pionero de la apicultura moderna en el siglo XVIII. Más allá de lo simbólico, esta jornada cumple una función concreta: advertir sobre el impacto del modelo productivo actual en las poblaciones de abejas y promover su conservación.
El rol de las abejas en el equilibrio ecológico es esencial. Se estima que cerca del 90% de las plantas silvestres y más del 75% de los cultivos dependen, en algún grado, de la polinización que estos insectos realizan. Sin ellas, no solo disminuiría la diversidad vegetal, sino que se verían comprometidos cultivos de frutas, hortalizas, frutos secos y pasturas.
En ese sentido, organismos como la FAO y el CONICET advierten que la desaparición de las abejas afectaría la calidad, cantidad y disponibilidad de alimentos, provocando aumentos de precios y menor acceso a productos frescos y nutritivos. También tendría consecuencias económicas, especialmente en países como Argentina, donde la apicultura tiene peso productivo y exportador.
La miel, mucho más que un edulcorante natural
Además de su función en la polinización, las abejas producen bienes con alto valor agregado: miel, jalea real, polen, cera y propóleos. En Argentina, la miel es uno de los productos estrella. El país se posiciona como el segundo mayor exportador mundial gracias a su diversidad floral, que permite obtener mieles de alta calidad, reconocidas en el mercado internacional por su sabor y propiedades terapéuticas.
La miel argentina no solo es un alimento energético y natural. También posee propiedades antibacterianas y antioxidantes, por lo que es cada vez más utilizada en medicina alternativa y cosmética. Otros derivados, como la jalea real y el propóleo, se consolidan como opciones naturales en el tratamiento de afecciones respiratorias y fortalecimiento del sistema inmunológico.
Frente al aumento de amenazas como el uso de agroquímicos, el cambio climático y la deforestación, especialistas coinciden en que la protección de los polinizadores no puede quedar reducida a un solo día. La sostenibilidad agrícola, el respeto por los ecosistemas y el consumo responsable son algunos de los caminos posibles para garantizar que las abejas sigan cumpliendo su silenciosa labor en el planeta.
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